Sergio González.

Hasta el tercer cuarto del siglo XX, la economía política clásica y su crítica, asumieron como paradigma de la economía-mundo capitalista la trinidad económico productiva basada en la tierra, el capital y el trabajo, pero en el siglo XXI, hablamos de nuevos factores críticos del sistema basados en el conocimiento como nuevo paradigma económico, donde el capital intelectual se vuelve en el activo intangible de producción más importante. Así, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) desde 1996 definió la sociedad del conocimiento como la asunción total que tiene una institución frente al conocimiento y la tecnología, en el crecimiento económico de una nación que basa sus fortalezas y potencialidades en la trinidad del conocimiento: educación, investigación e innovación.
La incorporación de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en la productividad de las sociedades modernas hizo más eficiente el trabajo de las personas que participaron en el proceso de desarrollo industrial del siglo XX en los países denominados del Primer mundo. Sin embargo, en el siglo XXI, la incorporación de las TIC´s está arrinconando al factor humano y al factor capital, en detrimento de la productividad emanada de la innovación, por lo que se vuelve necesario regular el parque tecnológico frente a un reposicionamiento del intelecto humano.
Por ejemplo, la industria de la medicina, que hoy en día es uno de los jugadores más serios dentro del mercado capitalista al conjugar la industria de seguros y la farmacéutica, puede contar con las TIC´s más avanzadas al momento, para desempeñar sus operaciones y servicios. Sin embargo, nada servirán si no se cuenta con el intelecto del neurocirujano, la experiencia del vendedor de seguros y la creatividad inventiva de la producción científica de fármacos poderosos que combatan las enfermedades. Así, en un nuevo modelo económico sustentado en el conocimiento el capital intelectual supera al capital tecnológico como factor de productividad en la sociedad, haciendo entonces que su valoración sea menor al que las sociedades industriales de la primera mitad del siglo pasado atribuyeron.
Y es que el conocimiento es un factor inagotable, desde la educación, la investigación y la innovación, donde no se consume en su uso, sino que se acrecienta al ser retroalimentado por la sociedad, este elemento de valor emana de las instituciones productivas de una nación que busca hacer de la productividad su factor de desarrollo, esto fue una vertical importante en el desarrollo del mundo anglosajón desde finales del siglo XIX con Inglaterra y el corto siglo XX con Estados Unidos a la cabeza. Así, el impulso de sociedades del conocimiento se volvió un factor de desarrollo seguido por naciones como China, Japón y Alemania después de la Segunda Guerra Mundial.  
Por su parte, la investigación teórica y aplicada en el siglo XXI no agota ni el intelecto ni mucho menos el conocimiento, por el contrario, se expanden los horizontes de experiencia sobre el desarrollo industrial de una comunidad. Así, una sociedad del conocimiento impulsada desde las instituciones, promueve la productividad sustentada en verticales reales y medibles como la investigación, la innovación y la resiliencia de la organización ante las crisis que ponen en riesgo la continuidad del negocio en el nuevo mercado-mundo capitalista.  
De esta forma, frente al gasto que implica para la empresa la adquisición de tecnología condenada irremediablemente a un proceso de obsolescencia programada y dependencia institucional a consultoría tradicional, la creación de una sociedad del conocimiento dentro de la institución sustentada en redes de conocimiento emanadas de su activo más importante, el capital humano, resulta hoy día una de las inversiones más rentables al ser un bien inagotable con un ciclo de vida muy redituable en términos de innovación y productividad para la organización.
En Sedago consultoría nos especializamos en la implementación de sociedades del conocimiento dentro de las instituciones a través del mentoring del conocimiento empresarial, un sistema innovador de consultoría que a diferencia de la consultoría tradicional atiende la generación de redes de aprendizaje y privilegia la enseñanza de procesos productivos altamente especializados para garantizar la innovación del conocimiento y el estímulo de la productividad, la competitividad, la resiliencia y la continuidad de tu empresa. 
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