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La segunda forma de subsunción del plusvalor relativo: La división del trabajo.

Sergio González.

Para Marx la división del trabajo es una de las categorías más importantes en su crítica de la economía política, la denominación es incluso diferente a la que utilizan los clásicos. Por ejemplo para Adam Smith, Marx precisa un doble sentido de este concepto, señalando en primer lugar a la división del trabajo social en diferentes ramas del trabajo y una segunda connotación es la que hace referencia a la manufactura de una mercancía, o sea, no a la división del trabajo en sociedad, sino a la división social del trabajo en el interior del proceso productivo y finalmente, esta división del trabajo corresponde a un sentido de manufactura como modo de producción particular. [1]

Según Marx hay una división social del trabajo entendida a partir de sus diferentes productos o mercancías resultantes de una división del trabajo (unos producen sillas, otros mesas, otros salas, otros libreros, etc.). Pero por otra parte este tipo de división del trabajo mantiene una diferencia con la división social del trabajo social presuponiendo que la división del trabajo anterior fragmenta el trabajo en diferentes operaciones, podríamos decir que cada operación se especializa en la producción de un bien en específico y que en conjunto se integrarán como mercancías por el capital.

La primera división del trabajo tiene lugar cuando cada propietario de la mercancía enfrenta en su rama particular o de especialización de bienes, a otra rama particular o a la totalidad de estas ramas particulares del trabajo. Mientras que la segunda toma su forma en la producción de una valor de uso en particular, antes de que el bien entre en circulación como una mercancía particular, independiente de su existencia en el mercado. La integración de los trabajos en la primera división se da a partir del intercambio de mercancías y en el segundo se realiza directamente, sin intermediarios y sin intercambios ya que ésta se logra mediante la operación conjunta de trabajos particulares en la producción del mismo valor de uso. En la primera división los productores compiten en un mercado ya que cada uno es poseedor de una mercancía independiente y a su vez, representan ramas particulares del trabajo, en cambio, en la segunda división el productor aparece como dependiente al producir de forma global la mercancía gracias a su cooperación; ya que cada uno aporta de manera particular a un trabajo combinado y es entonces donde el poseedor de la mercancía se enfrenta a otros trabajadores dependientes pero ahora como capitalista.

La división de los trabajos para producir diferentes mercancías para intercambiarlas viene siempre acompañada de un trabajador aislado, ya que la división del trabajo fragmenta en trabajos particulares las partes del producto, de tal suerte que cada trabajo diferente exigirá un menor grado de especialización al ser un trabajo puramente abstracto. El trabajo termina una parte del producto dentro de la manufactura y no la totalidad de ésta previo a su llegada al mercado, y esto obedece a que ningún trabajador de manera aislada, independiente o especializada, está produciendo la totalidad del bien, sino sólo una abstracción del mismo. Por esto mismo es que la división del trabajo es social en cuanto que el capital decide y controla esta separación en cada trabajador y no es social en cuanto al trabajo mismo porque los trabajos particulares procederán siempre de una capacidad de trabajo aislada y en la medida en que este trabajo implica un trasfondo en la vida cotidiana recibe su sociabilización en la unidad abstracta bajo el mando del capital.

Es evidente que esta división del trabajo presupone poco a poco una división social del mismo y solamente a partir de la particularidad del trabajo social, implícita en el intercambio de mercancías es posible que las ramas del trabajo se separen ya que en cada trabajo especial se puede dar una división al interior. Así mismo, una especialidad en el trabajo puede disociarse con el fin de que cada una de estas disociaciones sea parte constitutiva de un mismo valor de uso bien como mercancías diversas, o bien como géneros del mismo valor de uso.

Toda esta apreciación que realiza Marx en torno a la división del trabajo tiene por objetivo dividir analíticamente las partes específicas de cada trabajo al estar dirigido de manera formal en cuanto a capital a tomar de manera más productiva el capital variable ya que los medios vuelven directamente más productivo el trabajo comprometido en una determinada esfera de esa producción. También, cuando cada trabajador producía un bien de manera aislada y el capitalista lo compraba y lo vendía, la actuación de éste era de comerciante pero el modo de producción en sí mismo, no era capitalista. Estos son los dos aspectos que Marx pone a la luz y que según éste, Adam Smith deja de lado al no abordar el tránsito que existe del modo de producción mismo por la división social del trabajo social en las entrañas del proceso productivo.[2] De ésta manera Marx está comprendiendo la configuración material que de manera ralentizada el capital ejerce sobre el proceso de trabajo como tal; ya que lo está transformando como trabajo técnico en su imperiosa necesidad de aumentar la productividad de la potencia productiva del trabajo para reducir relativamente el valor del salario.

En el taller, en la fábrica, o en la gran industria, los trabajadores mantienen una relación social de producción, entre éstos y el capitalista, es una relación que bien puede llamarse orgánica dentro del capital. El trabajador queda inerte ante la combinación y organización de las actividades laborales, ya que esta combinación de funciones se muestra de manera unilateral y son las mismas bajo las cuales se mantiene subsumido cada trabajador, aún más, la totalidad creada es fundada desde la entidad parcial, aislada y fragmentada. Al final la relación de trabajo no le pertenece sino que está subsumida bajo un dominio: el dominio del capital.[3]

La división del trabajo es la matriz que va a condicionar el carácter social del trabajo mismo en virtud de que el aumento de la potencia productiva es la forma social de un trabajo combinado; es una entidad social que se enfrenta a una sociabilización del trabajador en y desde el capital, con lo que hay una despersonalización y desociabilización del trabajador al transformarse en una abstracción producto de su labor meramente detallista.

Una parte importante de este apartado Marx la dedica a buscar en la historia ejemplos de esta división del trabajo, sin embargo, al mirar atrás comprende que en ningún momento ésta llegará a equipararse en esencia con la que se presenta en el modo de producción capitalista. [4] En cambio, es relevante señalar que puede caracterizar una triple división del trabajo, la primera la llama general y es la que llega a la distinción de los productores en agricultores manufacturaros; la segunda es la división de la industria en especies y la tercera es la división que se realiza en un mismo taller.

De esta manera, Marx está observando que la división del trabajo implica necesariamente una conglomeración de trabajadores, para lo cual es necesario una cierta densidad de población, instrumentos de trabajo acorde al bien trabajado y un aumento de la materia prima. Esto es la manufactura vista como el modo de producción correspondiente a una división del trabajo en la industria. Esto en cambio implicará de manera natural una aumento constante del capital y un grado más desarrollado del modo de producción hasta ahora formal y puramente capitalista.

Aquí puede entenderse porque Marx trata en pocas páginas el trabajo productivo; porque el trabajo es subsumido de manera más fuerte en la división del trabajo y de esta manera, el capital lo incorpora al proceso productivo. El trabajo solamente resulta “productivo” desde la división del trabajo pero disminuyendo el valor de la capacidad de trabajo; ya que trabajo productivo es igual a potencia productiva del capital, aquí el trabajo es alienado desde el capital porque no sólo el capital produce, sino que el capital se produce, se hace a sí mismo, se genera.

En este apartado Marx también desarrolla la característica civilizadora de la división del trabajo al observar el interior del taller, fábrica y/o industria, al poder explicar cómo aumenta con total libertad esta división del trabajo también al interior de la sociedad y de qué manera tanto en la fábrica como en la sociedad se están liberando constantemente distintas potencias de trabajo para nuevos modos de ocupación. Es el desarrollo de las necesidades hoy en día presentes pero en aquél entonces inexistentes (siglo XIX) y la configuración de los métodos de trabajo capaces de satisfacerlos. Esta es una de las grandes ventajas que nos muestra Marx en su análisis en torno a la división social del trabajo en comparación al planteamiento que realizan los economistas clásicos.

NOTAS


[1] Véase al respecto lo que en palabras de Marx argumenta Smith con relación a la división del trabajo y la manufactura en esta cita que aparece en el capítulo XII “La división del trabajo y manufacturera” de El capital:  “Cabe imaginar, con Adam Smith, que la diferencia entre esta división social del trabajo y la manufacturera es puramente subjetiva, o sea, rige sólo para el observador, que en el último caso abarca con una sola mirada, espacialmente, los múltiples trabajos parciales, mientras que en el otro la dispersión de éstos en grandes superficies y el número elevado de los que cultivan cada ramo especial oscurecen la interconexión”.Al respecto consúltese MARX, Karl. El capital. Capítulo XII “La división del trabajo y manufacturera”. En [http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/12.htm]
[2] Véase al respecto lo que en palabras de Marx argumenta Smith con relación a la división del trabajo y la manufactura en esta cita que aparece en el capítulo XII “La división del trabajo y manufacturera” de El capital:  “ 20 44 (...) Adam Smith no formula ni siquiera una sola tesis nueva con respecto a la división del trabajo. Pero lo que lo distingue como el economista en que se compendia el período manufacturero es el énfasis que pone en dicha división.[la división del trabajo](...) Adam Smith confunde además la diferenciación de los instrumentos en la cual los obreros parciales de la manufactura intervinieron muy activamente con la invención de la maquinaria; no son los obreros manufactureros, sino sabios, científicos e incluso campesinos (Brindley), etc., quienes desempeñan aquí un papel.” [El subrayado es mio]. Al respecto consúltese MARX, Karl. El capital. Capítulo XII “La división del trabajo y manufacturera”. En [http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/12.htm]
[3] Y es precisamente como este dominio del capital  crea y refuncionaliza formas de explotación más “civilizadas” y sobre todo “refinadas” ya que “No sólo desarrolla la fuerza productiva social del trabajo para el capitalista, en vez de hacerlo para el obrero, sino que la desarrolla mediante la mutilación del obrero individual. Produce nuevas condiciones para la dominación que el capital ejerce sobre el trabajo. De ahí que si bien, por una parte, se presenta como progreso histórico y fase necesaria de desarrollo en el proceso de formación económica de la sociedad, aparece por otra parte como medio para una explotación civilizada y refinada”. Véase al respecto MARX, Karl. El capital. Capítulo XII “La división del trabajo y manufacturera”. En [http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/12.htm]
[4] Véanse por ejemplo en este mismo apartado XII vid. Supra. Las referencias citadas por Marx sobre Historia y división del trabajo en Diodorus Siculus, "Historische Bibliothek", lib. I, capítulo 74. Así como "Historical and Descriptive Account of British India"..., por Hugh Murray, James Wilson, etc., Edimburgo, 1832, vol. II, pp. 449, 450.
(Homenaje en el bicentenario de su natalicio 1810-2010)


Sergio González.

Sirva la presente reflexión a manera de homenaje a Juan Bautista Alberdi en el bicentenario de su natalicio. Alberdi nació el 29 de agosto de 1810 en San Miguel de Tucumán, Argentina. Su familia apoyó la revolución de mayo de 1810 en Buenos Aires y desde entonces Alberdí traería en la sangre el espíritu revolucionario. Esta brevísima reflexión centra su atención en el complejo proceso de industrialización que vivió el Cono Sur hacia el siglo XIX y la defensa férrea de una cultura auténtica y propia en América en una sinfonía de la contradicción en el pensamiento de Juan Bautista Alberdi.

Tras las revoluciones de mayo de 1810 en Argentina, se produce una severa ruptura con el sistema de dominación colonial español. Ruptura que enfrenta a grupos sociales en el camino a la generación de un nuevo proyecto de nación, con un nuevo orden social y político en desastrosas guerras civiles. Las cuales llegaron a su final con el ascenso al poder por segunda ocasión de Juan Manuel de Rosas.

Sin embargo, este ascenso estabilizador de Rosas al Estado no fue visto con complacencia por Alberdi, quien fue uno de los críticos más severos de la política rosista. Para Alberdi tanto el Derecho como el poder político al ser obra de la sociedad que los ha engendrado, tenían que ejerceré desde la misma sociedad. Desde abajo hacia arriba y no a la inversa como ocurrió con Rosas, el cual lo ejerce desde su autoridad tras pactar con el viejo poder público, aglomerando a las élites que querían mantener sus privilegios y excluyendo a sus opositores políticos.

Ante esto Alberdi observa que los objetivos de la resistencia y de la oposición no deberían enfocarse en el derrocamiento de Rosas, sino, en un plan a largo plazo, educar a las masas. El sustento a este pensamiento reposaba en las ideas de independencia, igualdad y soberanía promovidas por Francia y defendidas en la gesta del mayo argentino de 1818, año en el que la Provincias Unidas de Rio de la Plata se independizan de España.

Alberdi y otros intelectuales enriquecieron el proyecto nacional de 1810 en muchos sentidos. Por una parte la idea de nación para 1810 se cargó de un fuerte matriz ilustrado, con el cual construir la nación significaba apelar al ideal del pacto social. Para 1834 la asimilación de la idea de nación se revistió del ideal francés revolucionario de libertad e igualdad coronados por un proyecto común de filosofía nacional, con una lengua propia, una historia y una literatura en común y, desde luego, un territorio propio.

Alberdi, por otra parte, sumó al proyecto independentista la consolidación de una nación que se construye desde una conciencia nacional como arco simbólico del imaginario colectivo americano asociado a “la libertad” y opuesto a “la tiranía” española. Agregando la necesidad de emancipar la cultura americana de las costumbres españolas. Se erige un obelisco cultural propio que creará a los sujetos modernos, preparados en la cultura del trabajo y en la cultura letrada, aptos para elegir en el futuro a los “buenos gobiernos.”

Sin embargo, la implantación de esta estructura de pensamiento y generación de cambios en la sociedad que Alberdi tanto promovió chocó abruptamente con una realidad argentina y americana en general en la que las condiciones ya no serían las mismas desde que Inglaterra y Europa postraron su mirada en la industrialización de América, en su explotación y en su producción. Por vía pacífica entre 1837 y 1838 y por vía armada entre 1839 y 1842 el ideal y el modelo de Alberdi falla frente a una maquinaria industrial inglesa que no veía en el enriquecimiento cultural de Argentina la solución a sus intereses comerciales, mercantiles, productivos, de trabajo y en el más extenso sentido de la palabra económicos.

Ante este escenario Alberdi se cuestiona el cómo salir del autoritarismo de Rosas sin desenterrar a los fantasmas del caos, la violencia y las guerras civiles. La respuesta seguirá siendo la misma que en sus primeros escritos donde la transformación del sujeto americano se colocó en el centro de la realidad argentia y americana en su conjunto. Sin embargo ahora frente a una realidad industrializada y de producción muy diferente a la que vivieron en la colonización española, la respuesta y la solución ya no sería la misma donde el sujeto moderno se erige de la cultura propia y de su riqueza nacional en común.

Ahora habría que transformar al sujeto americano pero no por la vía de la cultura y la nación, sino a través de una cultura “de progreso y modernidad” donde las industrias, los ferrocarriles, las maquinas de vapor y los sujetos mejor preparados para el trabajo industrial sacarían adelante no sólo la economía ni la sociedad, sino el proyecto mismo de una nación que se levantaría a la nueva historia como un estandarte del desarrollo inglés en América.

Es al mismo Alberdi a quien ahora le preocupa ya no la formación de un sujeto americano conciente, sino la generalización de una clase capacitada en el trabajo industrializado para generar la riqueza nacional que superaría el Estado de pauperización rosista. Donde las pasiones políticas que llevaron durante mucho tiempo al desgarrador escenario de la guerra civil tenían que sustituirse por las pasiones del trabajo. Con lo cual Juan Bautista Alberdi rompió definitivamente con un pensamiento cultivado en Río de la Plata y que representa la esencia misma de las revoluciones del mayo argentino y una honda tradición intelectual del pensamiento rioplatense investido por la generación del 37 que con Esteban Echeverría, José Mármol o Juan M. Gutiérrez proclamaron su adición a una democracia liberal.

Fuentes bibliográficas.

1.- Alberdi, Juan Bautista. Fragmento preeliminar al estudio del Derecho. Buenos Aires, Biblos, 1984.

2.- Alberdi, Juan Bautista. Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina. Derivados de la ley que preside el desarrollo de la civilización en la América del Sur y el tratado litoral del cuatro de enero de 1831. Valparaíso, Imprenta del Mercurio, 1852.

Documento digitalizado por La Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales de Córdova.
http://www.acaderc.org.ar/ediciones/publicaciones/2002/bases-y-puntos-de-partida-para-la-organizacion

3.- Tau Anzoátegui, Victor. La codificación en la Argentina. 1810 -1870. Mentalidad social e ideas jurídicas. Buenos Aires, Librería Editorial Histórica, 2008. Capítulos 4 y 5.


Sergio González.

La sección cuarta del libro primero de la gran obra de Marx El capital: crítica a la economía política se llama “La producción del plusvalor relativo”. Esta sección se divide en tres grandes apartados: cooperación, división del trabajo y manufactura. He decidido dividir en tres partes la entrega de este texto, una primera que corresponde a la cooperación y se entregará el lunes 23 de agosto, una segunda entrega dedicada a la división del trabajo y se entregará el lunes 30 de agosto, y, finalmente, una tercera entrega dedicada a la maquinaria y la manufactura que aparecerá el lunes 6 de septiembre con lo que completo la entrega total del trabajo que aparecerá publicado en este blog. Indudablemente este es un trabajo que difiere un poco con respecto a las entregas anteriores y publicaciones aparecidas en este blog hasta ahora pero mi intención también es llevar poco a poco un análisis reflexivo en torno a los principales problemas teóricos que configuran el pensamiento histórico y social en el siglo XXI.  

Análisis del plusvalor relativo: Primera parte


Denomino plusvalor absoluto al producido mediante la prolongación de la jornada laboral; por el contrario, al que surge de la reducción del tiempo de trabajo necesario y del consiguiente cambio en la proporción de magnitud que media entre ambas partes componentes de la jornada laboral, lo denomino plusvalor relativo.

Carl Marx.
El Capital.

Definición del plusvalor relativo

El plusvalor relativo se comprende mediante un plusvalor absoluto ya que en conjunto interactúan en la explicación que ofrece Marx sobre el trabajo.  Es necesario para abordar este planteamiento describir al plusvalor absoluto y posteriormente abordar el relativo. El plusvalor absoluto se encuentra desarrollado en la sección tres de El capital, este plusvalor es un aumento absoluto del valor creado; es un proceso de aumento de la jornada de trabajo normal que crece mediante la suma del tiempo de trabajo necesario más el tiempo de plus trabajo. 

Así, una vez que la jornada laboral alcanzó un máximo físico solamente quedará el plusvalor relativo, el acotamiento del tiempo de trabajo necesario para que de esta manera se cumpla con el objetivo mismo de esta tendencia, el aumento del plusvalor. Así, de manera general podemos señalar que tanto en el relativo como en el absoluto el plusvalor será el resultado de la suma del plus trabajo con el tiempo de trabajo necesario. Sin embargo tanto plusvalor absoluto como relativo a pesar de que nos permiten comprender el trabajo ambos difieren en que en el absoluto la jornada te trabajo se prolonga hasta sus límites para hacerse posible, hay un grado dado en la productividad. En cambio,  en el relativo, la jornada de trabajo es fija y el plusvalor crece en razón que la parte de la jornada necesaria para la reproducción del salario se acorta, hay un aumento en la potencia productiva  del trabajo.

Con el uso de dos variantes para la posibilidad de un plusvalor, plus trabajo y tiempo de trabajo necesario, Marx puede relacionar lo relativo y lo absoluto en proporción al trabajo ya que a un aumento del plus trabajo aumentará el tiempo de trabajo generando un plusvalor absoluto. Pero si disminuye el plus trabajo y con esto disminuye el tiempo de trabajo tenemos como consecuencia un plusvalor relativo, siempre y cuando la jornada de trabajo permanezca constante para aumentar el plusvalor absolutamente. Así, Marx explora posibilidades y variantes de esta relación entre lo relativo y lo absoluto del plusvalor como la que nos remite a que un aumento de la productividad implica una disminución del valor del producto. [1]

El plusvalor absoluto marca un límite a la duración de la jornada de trabajo en virtud de que si se llegara a rebasarlo éste podría poder en riesgo la vida de los trabajadores. De igual forma el plusvalor relativo tiene un límite marcado por la proporcionalidad entre el aumento de la productividad, el plusvalor y el total de capital invertido. Es importante denotar esto porque el aumento de la productividad exige mayor capital constante y en el plusvalor relativo debe tenerse en cuenta la totalidad del capital invertido. Aquí el dilema ya no es aumentar el plusvalor absolutamente sino la proporción que existe entre plusvalor y la totalidad del capital invertido que desciende en la medida en que aumenta el desarrollo del capital constante.

Aún más, si el valor de las mercancías baja por el aumento de la productividad, bajará también el salario pero aumentará el plusvalor relativo en proporción a la reproducción del trabajo asalariado, porque esta es una de las razones por la que bajan los precios de los bienes de consumo; la mayor productividad del trabajo subsumido por el capital valorado desde el plusvalor relativo, esta subsunción se presenta mediante el fenómeno de la cooperación, la división del trabajo y la maquinaria en la industria. 

La primera forma de subsunción del plusvalor relativo: Cooperación

La cooperación es cuando un grupo de trabajadores laboran unidos y de manera simultanea en torno a la producción de un mismo bien en un tiempo determinado, el resultado final es el mismo producto y su mismo valor de uso o de utilidad. La cooperación persigue el objetivo de aumentar la productividad ya que presupone una forma socializada del acto mismo del trabajo. Podemos decir con esto que todo trabajador aislado bajo el sistema capitalista deviene en un una forma socializada del trabajo al aumentar la productividad de la potencia productiva de cada trabajador singular y/o aislado.

La sociabilización del trabajo mediante el sistema capitalista se consolida a través del capital ya que se pone como potencia productiva de éste y no del trabajo. Existe una incorporación de la capacidad de trabajo al capital y desde ese momento el trabajador dejará de pertenecerse a sí mismo para pertenecer al sistema trabajando bajo las condiciones mismas del capital. Al trabajador se le mira como un vendedor de su fuerza de trabajo razón por la cual su capacidad misma de trabajo ya no le pertenece porque ahora le pertenece al capital y el capitalista no comprará no una sino muchas capacidades de trabajo simultaneamente, comprará trabajadores aislados y de esta manera su cooperación no gira en torno al trabajo en sí mismo sino en torno a una unidad que los domina, el capital.

Con esto podemos observar que Marx analiza la forma de organización del trabajo pero bajo la perspectiva del capital, además que la subsunción dejará de ser formal y pasará entonces a ser más honda ya que el proceso productivo del plusvalor cambiará incorporando al proceso formal de producción de valor económico del bien. Es aquí donde a diferencia del plusvalor absoluto que incrementa con el aumento de horas de trabajo el modo de producción se torna plenamente capitalista.  Es un tipo de subsunción formal ya que los trabajadores aislados en vez de trabajar como tal trabajan como una fuerza perteneciente al capitalista. Esta diferencia es formal ya que no presenta cambios ni en el modo de producción, ni en las relaciones sociales dentro del mismo. [2]

Esto es muy importante porque Marx está pensando en un profundo cambio en la producción en esta fase de cooperación, ya que en el plusvalor relativo y/o absoluto el trabajador no está cambiando el modo o el proceso del trabajo mismo, es en esta etapa donde sí lo realiza.  Y lo realiza porque el trabajo se ve organizado, controlado y modificado en el proceso mismo, en sus mismas entrañas podríamos decir. Es el mismísimo capital quien subsume al trabajador modificando sus costumbres productivas, le quita su conciencia y aún más, el control del proceso productivo.

Es una metamorfosis del carácter social del trabajo por el carácter social del capital, de la potencia productiva del capital en potencia productiva para el capital; es lo que se llama una subsunción formal y esta formalidad se da en la cooperación que concretiza y materializa el proceso de valoración en el producto, esto es específicamente lo que llamamos un modo de producción capitalista por excelencia.           

NOTAS


[1] Véase al respecto el siguiente el siguiente ejemplo que ilustra de manera clara la relación existente entre plusvalor,  plustrabajo y tiempo de trabajo necesario: “Con todo, aun en este caso la producción incrementada de plusvalor se origina en la reducción del tiempo de trabajo necesario y en la consiguiente prolongación del plustrabajo. Digamos que el tiempo de trabajo necesario asciende a 10 horas o el valor diario de la fuerza de trabajo a 5 chelines, el plustrabajo a 2 horas, el plusvalor producido cada día a 1 chelín. Pero nuestro capitalista produce ahora 24 piezas, que vende a 10 peniques la pieza o, en total a 20 chelines. Como el valor de los medios de producción es igual a 12 chelines, 14 2/5 piezas de la mercancía no harán más que remplazar el capital constante adelantado. La jornada laboral de 12 horas se representa en las otras 9 3/5 piezas. Siendo el precio de la fuerza de trabajo = 5 chelines, en el producto de 6 piezas se representa el tiempo de trabajo necesario y en 3 3/5 piezas el plustrabajo. La relación entre el trabajo necesario y el plustrabajo, que bajo las condiciones sociales medias era de 5:1, es ahora únicamente de 5:3. Al mismo resultado se llega de la siguiente manera. El valor del producto de la jornada laboral de 12 horas es de 20 chelines. De éstos, 12 chelines corresponden al valor de los medios de producción, el cual no hace más que reaparecer. Quedan por tanto 8 chelines como expresión dineraria del valor en que se representa la jornada laboral. Esta expresión dineraria es más elevada que la del trabajo social medio de la misma índole: 12 horas de este trabajo se expresan apenas en 6 chelines. El trabajo cuya fuerza productiva es excepcional opera como trabajo potenciado, esto es, en lapsos iguales genera valores superiores a los que produce el trabajo social medio del mismo tipo”. Consultado en MARX, Karl. El Capital. Sección cuarta: La producción del plusvalor relativo. Capítulo X: “Concepto de plusvalor relativo”. [http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/10.htm]

[2] Marx señala en el capítulo XI “La cooperación”; de su obra El capital que: “Así como la fuerza productiva social del trabajo desarrollada por la cooperación se presenta como fuerza productiva del capital, la cooperación misma aparece como forma específica del proceso capitalista de producción, en antítesis al proceso de producción de trabajadores independientes aislados o, asimismo, de pequeños patrones. Se trata del primer cambio que experimenta el proceso real de trabajo por su subsunción bajo el capital. Este cambio se opera de un modo natural. Su supuesto, la ocupación simultánea de un gran número de asalariados en el mismo proceso de trabajo, constituye el punto de partida de la producción capitalista. Dicho punto coincide con el momento en que el capital comienza a existir. Si bien, pues, el modo capitalista de producción se presenta por una parte como necesidad histórica para la transformación del proceso de trabajo en un proceso social, por la otra esa forma social del proceso de trabajo aparece como método aplicado por el capital para explotar más lucrativamente ese proceso, aumentando su fuerza productiva”. Consultado en [http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/11.htm]