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Benita Galeana fue encarcelada en 58 ocasiones por defender el derecho al voto de las mujeres y buscar su liberación social.

Sergio González.

Benita Galeana nació en San Jerónimo, Guerrero un 10 de septiembre de 1907, movida por la necesidad de superarse y basada únicamente en la escucha atenta de su entorno humano, arriba a la Ciudad de México en la década de los veinte, sin saber leer ni escribir. A pesar de ello, Benita, se convirtió en una gran oradora cuya capacidad discursiva, de persuasión y organización de masas, dejó un precedente en la historia política de México.
De lo público a lo privado, la lucha política de la mujer.
               En 1935 Benita Galeana funda, al lado de otras mujeres valientes como la toluqueña Adelina Zendejas, Doctora en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el [F]rente [Ú]nico [P]ro-[D]erechos de la [M]ujer, organismo político que luchó socialmente para dotar a la mujer del derecho a votar en México. El FUPDM llegó a tener entre sus filas a más de cincuenta mil afiliadas de 25 organismos distintos, sus demandas se diversificaron tanto que poco a poco se hizo insostenible encauzar su gestión social mediante un solo frente lo que limitó su accionar político, disolviéndose antes de que las mujeres pudieran obtener el derecho al voto en 1953, cuando el Estado de Yucatán lo hizo valido para las elecciones municipales y estatales.    
               Dos serían los hogares de Benita Galeana, el primero, lo encontró al lado del periodista Mario Gil, con quien contrae matrimonio en 1940. Gil, fue uno de los más importantes cronistas del movimiento obrero en nuestro país, quien nos heredaría preciados testimonios sobre el nazismo y el impacto de la revolución bolchevique de octubre en México. Gracias a la sana persuasión de su marido, Benita fue rompiendo la barrera de las letras y escribió sus memorias en una “máquina de escribir robada,” como le gustaba llamar a la máquina en la que el cronista trabajaba y la cual era ocupada “clandestinamente” por Galeana.  
               El segundo hogar de Benita fue la prisión, a la que fue llevada en 58 ocasiones por defender sus ideas políticas, allí fue golpeada y vejada en más de una docena de éstas, dos fueron críticas, una en la espalda que le mantuvo años con un corsé de madera; otra, en el brazo, producto de un golpe calado de bayoneta, siendo una de las primeras mujeres mexicanas que organizó huelgas de hambre desde la cárcel.
La liberación política de la mujer.
Benita Galeana es el gran símbolo del feminismo socialista en México, su espíritu combativo y solidario siempre se renovaba a pesar del oprobio vivido, incluso desde el interior del mismo [P]artido [C]omunista [M]exicano, donde muchas veces, recuerda Benita “salíamos de allí casi llorando al ver que nuestros mismos hermanos de clase, los trabajadores, nos trataban así, pero cuando nos encontrábamos con otros obreros que nos respetaban y nos sabían tratar como camaradas, se nos olvidaba todo.”[1] Y es que como apunta el estudio de Gomezjara, la militancia en el PCM fue “una experiencia poco gratificante para la mujer militante son sus relaciones personales dentro del partido. Los reglamentos hablan en abstracto porque ignoran (o hacen creerlo) la vida cotidiana. En la práctica, se enfrenta a una paradoja dolorosa: o aceptan el rol de instrumento sexual del machismo “camaraderil,” o se refugian tras una conducta dura, fría, calculadora, despersonalizada y lo más cercana a parecerse al hombre, el modelo de la normalidad.” [2] Así, la convicción y vocación política de Benita Galeana la llevó a interiorizar una liberación de la mujer no en términos de género, sino de clase social.
               Benita falleció a los 91 años de edad producto de una embolia cerebral, su lucha es un ejemplo de tenacidad y determinación ante la vida, nació para romper esquemas, el más importante, el de la subordinación y sumisión de la mujer al patriarcado. Siempre defendió su derecho a expresarse, incluso cuando el PCM le prohibió mencionar en su biografía que había trabajado en cabarets para ganarse la vida. Toda su vida estuvo ligada al pobre, al necesitado, al proletario, a las prostitutas, a las mujeres que por su condición social eran marginadas y a las madres solteras, porque ella fue una durante toda su vida.

Notas
[1] Benita Galeana, Benita. Memorias, México, Lince, 1992. Pág. 109.

[2] Gomezjara, Francisco A. (1982). María de la O y Benita Galeana. Precursoras del feminismo socialista en Guerrero. Chilpancingo, Universidad Autónoma de Guerrero, 1982. Pág. 16.

Publicado en Blasting News México el 30 de septiembre de 2017.
Polémica intelectual con José Revueltas, sobre Pablo Neruda y Rubén Darío en torno al indigenismo en América.

Sergio González.

El poeta andaluz Juan Ramón Jiménez a principios de la década de los cuarenta del siglo XX, entabló una polémica cultural con el escritor mexicano José Revueltas en torno a la condición de la poesía indígena de Pablo Neruda y Rubén Darío.
La polémica con José Revueltas
El Premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez (Huelva, 1881-Puerto Rico, 1958), [1] fue en 1943 el primer gran polemista y crítico público de José Revueltas (Durango, 1914-Ciudad de México 1976), a raíz que en las páginas de El Popular, [2] el mexicano defendiera la integridad literaria de Pablo Neruda (Parral, Chile 1904-Santiago de Chile 1973), a quien el andaluz calificara como “gran mal poeta” en su libro América Sombría, a lo que José Revueltas, respondería el 13 de marzo de 1942 que “Neruda es un gran fragmento de América… Porque América es unos pasos, es una voz, es un viento que quiere expresarse, tocando cosas universales, dolores antiguos que la civilización terrible e inhumana ha olvidado.” [3]
Pablo Neruda y Rubén Darío ¿poesía indígena?
Juan Ramón Jiménez, era en aquél entonces un escritor consagrado en la cultura española desde 1914, gracias a la publicación de su narrativa en torno a la vida y a la muerte, expresada proverbialmente en Platero y yo. Con este campo de recepción cultural, a principios de la década de los cuarenta del siglo XX, acusa a Pablo Neruda de sostener un “indigenismo artificial americano,” ya que a decir del andaluz, el poeta chileno “no fue siempre lo indígena que ahora pretende ser,” ya que su indigenismo fue “aprendido en una experiencia internacional viajera.” [4] De esta manera, para que el poeta se afirme como indígena, a decir del español, es necesario que el poeta tenga cuna indígena.
Aún más, el escritor andaluz califica la escritura de Pablo Neruda como “grasa amorfa elefantiásica,” ya que a diferencia de la poesía de Rubén Darío (Matagalpa, Nicaragua 1867-León, Nicaragua 1916), las letras del nicaragüense sí reflejan la naturaleza estética y artística del indio de América, una vanguardia que dejó una impronta en la poética de los escritores españoles de la generación de Juan Ramón Jiménez: “influyó tanto en nosotros, los un día jóvenes modernistas españoles, que no podíamos renovarnos por lo indígena del gran nicaragüense, porque en eso no lo sentíamos cercano.” [5] Rubén Darío fue criticado por muchos escritores en América, entre ellos Pablo Neruda por su posicionamiento abiertamente Europeo y escritores como José Revueltas, señalaron públicamente que Darío fue un “americano a medias,” porque mientras el nicaragüense “tenía una vida y una pasión americanas, su poesía no lo era.”[6]

José Ramón Jiménez, carta a José Revueltas
Juan Ramón Jiménez tardó siete meses en responder a José Revueltas, hasta que hizo pública su declaración mediante una epístola aparecida en Letras de México [7] el 15 de octubre de 1943. El autor de Platero y yo concluye su carta a José Revueltas afirmando que “un civilizado no puede ser “ya” indígena, pero un indígena puede ser siempre civilizado.” [8] Revueltas no respondió a la crítica del andaluz, quizá por no opacar el entorno cultural al Premio Nacional de Literatura que en ese mismo año le fue otorgado por su narrativa en El luto humano. Una crítica que viene desde Europa reconociendo la grandeza del arte americano y poniendo énfasis en una problemática vagamente condensada entre los intelectuales de América hacia la primera mitad del siglo XX, la cuestión estética del arte indígena, tristemente el posicionamiento de Ramón Jiménez en torno a la poesía indígena de Rubén Darío y Pablo Neruda no ha sido valorado plenamente en nuestros días.



Notas
[1] En 1956 la Academia Sueca otorga a Juan Ramón Jiménez el Nobel de Literatura "por su poesía lírica, que en lengua española constituye un ejemplo de gran espíritu y pureza artística."
 [2] Diario mexicano fundado en 1938 por Vicente Lombardo Toledano bajo encargo de la [C]onfederación de [T]rabajadores de [M]éxico, que perduró hasta 1945.
[3] José Revueltas. “Un juicio de Juan Ramón Jiménez: América sombría,” en El Popular, 13 de marzo de 1942, pp. 5-6. El ensayo también apareció en Repertorio Americano, 937, San José de Costa Rica, 9 may. 1942, p. 140.
 [4] Juan Ramón Jiménez, “América sombría,” Letras de México, 10, 15 oct, 1943, pp. 5, 9; Apareció también publicado como “Epistolario mexicano. Carta a José Revueltas,” en Gaceta del Fondo de Cultura Económica, 121, ene, 1981, p. 19.
[5] Juan Ramón Jiménez, Op. cit. P. 9.
[6] José Revueltas, Op. cit. P. 6.
[7] Letras de México, fue una revista cultural creada por Octavio G. Barreda en 1937 y que circuló en México hasta 1947.

[8] Énfasis del autor. 

Publicado en Blasting News México el 29 de septiembre de 2017.