View project Read more
ESCRITOS

Subdesarrollados y libremente desdichados. Una aporía del populismo latinoamericano.

Sergio González.

El presente trabajo constituye una reflexión realizada en torno al fenómeno social que se ha dado en llamar por los científicos sociales del siglo XX, Populismo, centrando su atención sobre las relaciones que entabla en la esfera económica, política y social de la realidad histórica latinoamericana, pero sin llegar a especificidades regionales. Ya que se debe tener siempre en cuenta que no existe modelo de análisis teórico que encuadre a una realidad unívocamente. Esto es, considerando que cada región latinoamericana presenta una interacción social e histórica muy particular encontramos elementos que encuadran pero también otros que los hacen diferentes. Así, encontramos no sólo que las realidades de Argentina, México y Brasil, por mencionarlas algunas, no presentan los mismos parámetros de análisis social a nivel económico, político o cultural, mucho menos obedecen a realidades histórica iguales, más bien lo que se observan son semejanzas y diferencias que saltan a la luz en cuanto ponemos a correr el motor de análisis social del modelo y del concepto de Populismo en América Latina.

De tal suerte la estructura del presente trabajo gira en torno a tres vertientes bien definidas, en la primera desarrollaré brevemente algunas connotaciones generales del modelo Populista donde incluyo una definición con la cual trabajaré a lo largo del trabajo. En una segunda etapa exploro los nexos entre Populismo y capitalismo a nivel de economía de Estado. Y, finalmente, muestro el rostro social y político del Populismo frente al Corporativismo del Estado.
Sin lugar a dudas uno de los conceptos más debatidos en cuanto a su definición se refiere es el de populismo, ya que su carácter interpretativo se mueve vertiginosamente en el terreno del equivocismo; lo cual produce que ante la diversidad social latinoamericana sea sumamente complicado encuadrar un modelo de interpretación social unívoco que ejemplifique sus causalidades, su proceso y sus efectos de forma semejante. Y es que no sólo las realidades históricas propias de cada región ejercen un peso avasallador sobre el cerebro de los vivos sino que las condiciones de fricción y pugna social toman distintos matices a niveles políticos, económicos e incluso culturales en cada país, por ello y por muchas otras variantes más que no es objeto de este breve trabajo, es que el proyecto de unidad latinoamericano pregonado por Bolívar no vio la luz más allá de la integración de unos cuantas regiones del hemisferio sudamericano.

Una de las aporías a las que el estudio del modelo social y del concepto de populismo se enfrenta es su falta de unidad sistémica al interior de sus programas, de sus discursos y del movimiento mismo, sin embargo, se puede apreciar que la recurrencia en un tipo ideal de relación social es parte de la unidad del populismo. Lo cual se vuelve importante al analizar la situación del populismo frente a la carencia de una ideología primigenia u originaria que de sustento al movimiento; ya que en el populismo encontramos ciertas ideas un tanto aisladas que conllevan a una organización en torno a fines específicos y que cambian en la medida en que la dinámica social tiende a moverse.

Por otro lado, observamos que el populismo es un movimiento social que surge como una respuesta a los problemas y cuestionamientos que nos ha planteado la modernidad capitalista con todo y sus pugnas por el desarrollo, la industrialización y la paulatina tecnificación de lo humano en aras de un devenir ideal y hasta utópico. Quedarnos con tal definición sería herejía intelectual, más prefiero ceñirme por la ortodoxia académica para usar tremenda definición dada por Angus Stewart[1] como referente de populismo a lo largo del presente trabajo, cuyo objeto no radica en la búsqueda incesante de sentidos y verdades que den luz en torno a una definición sobre el populismo. Por el contrario mí intención es simplemente mostrar que el populismo es una respuesta a los coqueteos de las Naciones con la economía capitalista y con la política neoliberal, siempre que estas infravaloran sus consecuencias inmediatas en la sociedad. En el entendido de que el capitalismo sólo triunfa y se vuelve eficaz cuando se llega a identificar plenamente con el Estado. [2]

En el populismo, se aprecia una latente tensión existente entre centro y periferia, campo y ciudad, o metrópoli y campo. Las cuales se nos muestran como el resultado de complejos y profundos procesos, encarnados en un desarrollo desigual y diferencial entre estos espacios. El estudio de esta problemática es posible abordarla desde la óptica de la objetividad cultural como influencias en los discursos modernizadores, lucha de poderes o tensiones sociales por movilidades ascendentes dentro de las clases sociales. Pero también desde la subjetividad que encarna la sociedad como grupo heterogéneo al nivel de percepción de amenazas públicas que atenten contra la seguridad y estabilidad del Estado, tal es el caso de las revueltas y manifestaciones populares. En ambos casos, las tensiones interactúan y se superpones unas con otras.

De tal suerte encontramos una polarización externa y otra interna. El aspecto externo de la respuesta populista reacciona a una situación común en distintas manifestaciones populistas, el encuentro con fuerzas o ideas asociadas a un nivel o niveles de desarrollo superior. Esto es un primer acercamiento a una toma de conciencia por parte de las masas de su situación y del lugar que ocupan dentro de la esfera social, donde el común denominador radica en la falta de equidad y búsqueda de oportunidades en dimensiones económicas, políticas y/o culturales que interactúan y se superponen a una esfera de desarrollo superior o de elite en el poder. En tanto que los focos internos reaccionan en situaciones locales o regionales, incluso nacionales pero siempre frente a los efectos de la modernización que ejercen otras arenas de dominación. En este sentido podemos mencionar el caso de Cuba en la década de los sesentas y setentas frente a la llamada “frontera imperial” trazada por los Estados Unidos.

En cuanto al aspecto económico se refiere, el populismo emerge cuando el Estado y las variables macroeconómicas se enlazan frente a la redistribución del ingreso menospreciando los riesgos de la inflación y su reacción ante políticas agresivas ajenas al mercado. Reconociendo tres dimensiones básicas: el modelo de industrialización con sustitución de importaciones, la inflación y la economía de gasto.

En cuanto al modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones se refiere (ISI) encontramos que el populismo económico se asocia históricamente a los orígenes de dicho modelo. Aún cuando no existe relación implícita entre el ISI y el populismo en la práctica el modelo se encuentra ligado a variables macroeconómicas a las que se asocia el Estado. Pero el populismo económico aparece entonces como consecuencia inmediata del ISI al no moderar sus intereses materiales, caso concreto, los paupérrimos incrementos salariales al sector productivo de las naciones en aras de excesivos ingresos al gasto corriente del Estado; de igual forma, las políticas fiscales proteccionistas a transnacionales y la paulatina sobre valuación de la moneda local. En estos ejemplos encontramos brotes de populismo económico vinculados al ISI históricamente pero emergiendo como una consecuencia natural de los excesos materiales del sistema capitalista, el cual sólo se consolida cuando se llega a identificar plenamente con el Estado.

Por otro lado, el aspecto inflacionario de las economías locales reflejado en una subida general de los precios y la pérdida del poder adquisitivo al devaluarse la moneda entrañan otra forma de surgimiento del populismo a nivel económico. En tal caso la inflación resulta de un desbalance producido en el dinero en cuanto a duplicación de la escasez ya que la demanda de bienes y servicios que provee el Estado y los particulares aumenta y se torna complicada para surtir al grueso de los demandantes. Finalmente la economía de gasto es otro menester que acrecienta la ebullición de focos populistas. También conocido como despilfarro económico está íntimamente ligado al aspecto inflacionario por medio del cual las políticas fiscales de recaudación tributaria que se enlazan a variables macroeconómicas para estimular los elementos suficientes como para proveer de bienes y servicios a la demanda de sectores urbanos, clases medias y bajas.

En síntesis, podemos señalar que el surgimiento de estas tres variables económicas sustitución de importaciones, la inflación y la economía de gasto, hace florecer a un populismo económico que no sólo se opone a los estragos de la industrialización modernizadora sino que a su vez al respeto del poder adquisitivo y el derecho por parte de las masas a la obtención de bienes y servicios, mismos que en teoría debería garantizar el Estado aun cuando en la práctica presente tropiezos severos.

Ahora bien tras esbozar brevemente el aspecto económico del movimiento populista y antes de pasar al plano del populismo político es importante hacer un par de precisiones en tanto al aspecto social del populismo ya que ello entraña su carácter voluntarista y de masas lo cual se encuadra dentro de la tipicidad del movimiento social como fenómeno reaccionario económico y político.

De tal forma, un primer elemento sobre el cual hecha raíz el populismo es la exaltación del nacionalismo que es el réquiem sobre el cual musicaliza la sensibilidad de las masas y el ejemplo más claro lo encontramos en el manejo de los capitales extranjeros por parte de las naciones. Aquí, es vital señalar, por una parte, que los beneficios económicos percibidos por unos pocos no impactan en la economía de las clases bajas y por otro lado, la movilidad social especialmente de las clases medias quienes sienten la posibilidad de ascender pero que en la práctica ven despedazadas sus aspiraciones frente a una elite empresarial compacta sólo termina por albergar fuertes rechazos nacionalistas que pugnan y luchan por gobernar y nacionalizar a las principales industrias, siendo altamente probable la instauración de un gobierno populista, lo cual lejos de incentivar el capitalismo nacional sólo incentiva la transformación del Estado en el principal agente económico.

Un segundo elemento típico del movimiento social populista es su alienación ante el discurso y las practicas del poder de Estado, lo cual agudiza su carácter efímero del populismo. Sin embargo cuando el populismo tiene su epicentro en regiones subdesarrolladas donde el poder es ostentado por la figura de un dignatario o un partido, generalmente el movimiento termina por ser absorbido por los programas del poder. Un ejemplo contundente de esto es el Partido Revolucionario Institucional en México que termina por absorber los programas y pugnas de lo que en principio inició como un movimiento de masas y que se materializaría en el Partido Comunista Mexicano, enajenado y tristemente erosionado por el partido en el poder. [3]

Por su parte, el populismo político se vincula a elementos tales como el corporativismo de Estado y sus distintos actores sociales implicados. Todos ellos en conjunto configuran la esfera de la política sobre la cual el populismo extiende sus redes de operación.

En lo referente al Corporativismo de Estado encontramos que su paulatina modelación y modulación de las distintas manifestaciones políticas de la sociedad por parte del Estado encarnan consecuentemente populismos, aun cuando ello no sea una regla o ley general aplicable a todas las realidades latinoamericanas concebidas desde la óptica particular.

Semejante empresa ha implicado históricamente la creación de instituciones y lazos legales y burocráticos de administración pública que hacen de las relaciones entre sociedad y Estado una verticalidad descendente, esto garantiza que el Estado controle y organice sectores heterogéneos del tejido social con una organización compacta a su interior, neutralizando al bloque social en términos de una amenaza percibida que atenta contra la estabilidad del Estado. Su disfraz es el bien común y la subsidiariedad, ambos, brazos operativos del Corporativismo de Estado, sin ellos su discurso dominador no sería una realidad.

El Corporativismo al intentar absorber y controlar al grueso de la población dirime constantemente entre la inclusión y la exclusión, aporía en la cual el populismo también debate. De tal suerte, la inclusión Corporativista de grandes sectores sociales implica la exclusión de otros tantos que serán en el mejor de los casos incluidos en los programas del populismo social y señalo, que en el mejor de los casos, ya que bien pueden ser excluidos del modelo Corporativista de Estado o del Populista de Estado, caso concreto el de los indígenas.

Finalmente, como pudimos apreciar, generalmente en el caso del populismo latinoamericano podemos encontrar paradigmas típicos como el de Perón en Argentina, Vargas en Brasil y Cárdenas en México. Sin embargo incluso en estos tres casos típicos surgen diferencias sustanciales en tanto a lo político, lo económico y lo social en cada país. Más aun al aplicar el modelo de análisis populista a otras realidades latinoamericanas encontramos interesantes diferencias que hacen difícil extenderlo unívocamente en América Latina. Pero no perdamos de vista que en cada uno de los casos encontramos una connotación social impulsada por la emergencia que el Estado da a la modernización económica y política.

Todo parece indicar, sin embargo, que existe cierto carácter efímero al interior del Populismo, emanado de su incapacidad para consolidar sus programas, sus estrategias, sus instituciones y su ideología en aras de la enajenación que condena y que le procura el Estado al movimiento Populista. Incapacidad para trascender a una esfera ulterior donde el Populismo se torne una realidad tangible para la sociedad y no solo una realidad utópica, ya que son esos pequeños detalles los que condenan al fracaso la efectividad de sus programas ideológicos, incapaces en la mayoría de los casos, de sacarnos de la miseria capitalista en la que vivimos, o mejor dicho sobrevivimos subdesarrollados y libremente desdichados ante la mirada atenta del ángel imperial norteamericano.

NOTAS
[1] Stewart, Angus. “Las raíces sociales.” En Ionescu Ghita y Gellner Ernest. Populismo sus significados y características nacionales. Argentina, Ed. Amorrourtu, 2000. Pág. 221-240.
[2] Fernand Braudel señala que “El capitalismo sólo triunfa cuando llega a identificarse con el Estado, cuando es el Estado.” Citado en Michael Hardt y Antonio Negri. Imperio. Buenos Aires, Ed. Paidos, 2002. Pág. 21.
[3] Véase al respecto José Revueltas. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. México, Ed. Era. Obras completas vol. 17, 1984.

Referencias bibliográficas.

1.- Cardoso, Eliana y Ann Helwege. “El Populismo, el despilfarro y la redistribución”. En Dornbusch, Rudier y Sebastián Edwards (ed.) Macroeconomía del Populismo en la América Latina. México, Fondo de Cultura Económica, 1992.

2.- Di Tella, Torcuato: “Populismo y Reforma en América Latina”. En Véliz, Claudio (ed.) Obstáculos para la Transformación de América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 1969.

3.- Henesy, Alistair. “América Latina.” En Ionescu Ghita y Gellner Ernest. Populismo sus significados y características nacionales. Argentina, Ed. Amorrourtu, 2000. Pág. 39-80.

4.- Ianni, Octavio. La formación del Estado Populista en América Latina. México. Ediciones Era, 1984.

5.- Michael Hardt y Antonio Negri. Imperio. Buenos Aires, Ed. Paidos, 2002.

6.- Revueltas, José. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. México, Ed. Era. Obras completas vol. 17, 1984.

7.- Stewart, Angus. “Las raíces sociales.” En Ionescu Ghita y Gellner Ernest. Populismo sus significados y características nacionales. Argentina, Ed. Amorrourtu, 2000. Pág. 221-240.
ESCRITOS

Una nota a la economía cultural latinoamericana. A propósito de García Canclini.[1]

Sergio González.

El presente trabajo constituye el reflejo de una reflexión que el ensayo de Néstor García Canclini Latinoamericanos buscando lugar en este siglo, ha despertado en mí, a partir de su propuesta para consolidar una industria cultural latinoamericana. Y es que lejos de formular una oposición al planteamiento de Canclini, me interesa mirar en las formas como se da esta integración de la industria cultural a la globalización capitalista. Aspecto que Canclini someramente argumenta. Si bien hablar de la industria cultural latinoamericana implica una empresa interesante, por razones de síntesis en el trabajo sólo me dedicaré a mencionarlas como un primer boceto, dejando la profundización para un segundo momento. Por ello me interesa a groso modo plasmar la reflexión que hago en torno a la economía cultural y su producción industrial cultural en América Latina y como ejemplo tomo el de las televisoras.

La primera década del siglo XXI se inserta en una querella ambivalente entre la globalización y su inserción plena del bloque latinoamericano, por un lado, y la disolución final del nacionalismo por la otra. Y es que parece ser que el transito entre el liberalismo y el neoliberalismo, ambas políticas impulsadas por el Imperio Norteamericano para el control del bloque latinoamericano en aras del impulso de su capitalismo voraz. Se está tornando ya no una cuestión de identidad y conciencia regional, sino una suerte de ética kantiana donde el fin último justificará los medios.

Podemos pensar hoy en día que el desarrollo y el crecimiento de América Latina ya no dependen solamente de modelos y políticas económicas autogestoras, sino que en un horizonte próximo la inserción como bloque latinoamericano al proceso pleno de globalización capitalista implicaría pensar qué características nos harán integrarnos como latinoamericanos a una economía que no parece tener un proyecto sólido frente a las identidades regionales.

Pensar en una economía cultural como lo hace García Canclini parece ser una llamada de atención a este propósito. Sin embargo, debemos tomar en cuenta aspectos antropológicos fundamentales. Por ejemplo, ¿hasta qué punto terminamos, al insertarnos a una industria cultural globalizada, enajenados con respectos a nuestra identidad regional y más aun con respecto a nuestra historia?

Y es que si bien la inserción al proyecto global es una emergencia que de no llegar a atenderse plenamente en el ámbito de la reflexión crítica y concienzuda en las universidades, espacios públicos y demás recintos donde la libertad de pensamiento y opinión no estén vetados por los Estados. Corre el riesgo de que se difumine tristemente el valor histórico, antropológico y cultural en cada región del continente de la identidad latinoamericana. Pienso que sería un suicidio cultural buscar primero una inserción de nuestra economía cultural al mercado internacional, antes de poder consolidar los nexos de un bloque latinoamericano con identidad cultural propia. Y es que muchos pensadores latinoamericanos; desde Alberdi, Salazar Bondy, Samuel Ramos, Zea, Paz; pasando por Fernández Retamar, Rodó, Vargas Llosa y el recién desaparecido Benedetti. Han entregado su vida en búsqueda de este espacio integral de desarrollo y crecimiento social en América Latina.

Si bien García Canclini puntualiza en el eje sobre el cual se debe reconstruir lo latinoamericano debe girar en torno a una producción simbólica y a un intercambio sociocultural. Pienso que esto no puede suscitar como suerte de generación espontánea identidades culturales por todos y cada uno de los rincones de América Latina, tampoco pienso que la inserción de una economía cultural lo consiga.

Sin embargo, reconozco en los postulados el merito de Canclini de llevar en sus líneas una reflexión concienzuda y razonada de la realidad latinoamericana que ya muchos que se llaman latinoamericanistas quisieran tener. Y es que este tipo de ejercicios para relucir los hermosos artificios de los juegos reflexivos de nuestra razón latinoamericana nos hace mucha falta.

Pienso por el contrario que el dilema de la identidad latinoamericana, por lo menos en la primera década del siglo XXI, no radica en si nos insertamos o no dentro de un proceso global con una economía cultural. Sino en la forma en cómo lo estamos haciendo, qué estamos anteponiendo nosotros para dejar plasmado no el valor agregado o la plusvalía a la transnacional, sino nuestra cultura, nuestra historia y nuestras raíces propias de cada región.
Comparto la propuesta de Canclini pero discrepo en las formas como lo está planteando en su ensayo, en la forma es donde pongo hincapié para cuestionarnos en torno a nuestro quehacer frente a la industria cultural latinoamericana. México, por ejemplo, tiene una de las cadenas televisivas con mayor impacto en el mundo, Televisa, y qué hacemos como mexicanos para influir en la vulgarización de la cultura presentada en sus telenovelas, sus programas y sus llamados concursos familiares.

Esa enajenación que ha generado el poder de los medios de comunicación masiva como la televisión y el Internet, son ejemplos de cómo se bombardea el subconsciente latinoamericano en aras de la economía cultural insertada cada día más en la globalización. Y es que no trato de decir con ello que las cadenas televisivas plasmen solamente cultura a sus televidentes, sino que nosotros como receptores tenemos derecho de exigir mejor calidad de programación con espacios para la reflexión y la crítica. Espacios que permitan y alimenten la comprensión de la realidad de América Latina frente al mundo, su explicación y una toma de conciencia encaminada a fortalecer los lazos históricos y culturales en el continente.

Si no toda la población tiene acceso a las Universidades, en cambio sí tiene acceso a televisiones, cuando no un 100% si una grandísima parte de la población en América Latina tiene televisión en casa. Por tanto si queremos forjar identidad en América Latina como un frente de defensa a la globalización capitalista, empecemos a pensar en función de lo que nosotros como receptores de la televisión podemos exigirle a las grandes cadenas televisivas para que ejerzan su compromiso social educando a esta población.

Si a nivel de economía política Marx planteaba ya el ascenso del proletariado y el control de los medios de producción en contraposición con la burguesía. Porqué no pensar en función de que una economía cultural merece una revolución semejante. Cuando menos se merece el beneficio de la reflexión conciente y crítica de sus implicaciones.

Y es que a nivel televisivo muchas de las cadenas televisivas se administran bajo un esquema empresarial de producción. Con la más mínima sensibilidad social y cultural para con sus televidentes, con la única consigna de producir lo que venda, lo que reditúe, lo que incremente la economía del dueño. Siendo así que la educación y la cultura no se inscriben en semejante proyecto empresarial al no se redituable económicamente.

Por tanto más que una utopía, lo que busco es la consolidación de un proyecto revolucionario que lleve al control de los medios de producción televisiva y su emisión pública al aire por parte de las universidades. Donde a las universidades se les de un espacio para divulgar, educar y formar a todas esas personas que no tienen acceso a una Universidad por falta de espacios. Me parece que la televisión puede contribuir coadyuvada con las Universidades a forjar esa identidad latinoamericana y entonces sí, pensar con García Canclini, en una inserción de nuestra industria cultural a la economía global.

REFERENCIA

[1] GARCÍA CANCLINI, Néstor. Latinoamericanos buscando un lugar en este siglo. Argentina, Piadós. 2002. 106 pp.


ESCRITOS


Sergio González.

El presente trabajo constituye una brevísima reflexión en torno al sistema de dominación que El Imperio Norteamericano ha construido en torno al encierro económico que condena el subdesarrollo de nuestras naciones. Apandando ideológicamente con su norteamericanización cultural a América Latina.

Pongo un poco de énfasis en el carácter indígena al ser el más violentado, olvidado y rezagado históricamente del y los proyectos de nación por lo menos desde el siglo XIX con las independencias latinoamericanas. Siendo el caso de Bolivia un ejemplo de reivindicación y defensa de lo propio frente a las transnacionales norteamericanas. Recordemos cómo hacia 1991 y 1999 movimientos indígenas identificados al nacionalismo Amayra defendieron las tierra y las aguas bolivianas.

Después de la década de los ochentas del siglo pasado se expande en América Latina el proyecto neoliberal promovido por Estados Unidos que encaminaría la homogenización social de cara al proceso de globalización para insertar al continente plenamente al proyecto capitalista. Su nocividad no se haría esperar y fue así como se privatizaron empresas públicas, se dio apertura a los mercados comerciales, se implantarían modelos de desarrollo proteccionista y de sustitución de importaciones con concesiones para los transnacionales y entre otras cosas, la ineficacia en la distribución de los recursos económicos entre las clases medias y bajas del continente.

Sin embargo, uno de los aspectos en los que me interesa hacer énfasis es en los cambios de patrones culturales latinoamericanos. En otras palabras, la cultura latinoamericana pasó por un proceso de americanización de su idiosincrasia con impacto profundo en la cultura y aunque no en todas las capas del tejido social permea, es un hecho que a nivel mercadológico los poderes fácticos impactan en sus receptores. Algo sabe de esto McDonals, Pizza Hut, o Wall Mart.

La americanización promovida por El Imperio busca no sólo la homogenización del bloque social latinoamericano sino su paulatina enajenación cultural y a través de discursos, instituciones, programas de inversión e intervencionismos a todos niveles lo que logran es el exterminio voraz del Ser latinoamericano y de su esencia indígena para insertarla al capitalismo como un valuarte de algún museo norteamericano en el mejor de los casos.

De tal suerte, ante tan audaz proyecto enajenador, distintas regiones latinoamericanas encauzan pugnas a través de movimientos sociales para reivindicar la cultura latinoamericana y las raíces indígena en el continente. Un par de ejemplos los vemos en México con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional o en Bolivia con el ascenso de Evo Morales al poder.

Interesante es ver que a diferencia de las pugnas sociales de diversos movimientos que se dieron en la década de los sesentas y setentas del siglo XX en el continente, y que se constituían a través de obreros y campesinos, reivindicando la conciencia de clase proletaria y los ideales Guevaristas y revolucionarios de Cuba. Ahora más bien lo que observamos es un fortalecimiento de las pugnas sociales pero en la esfera indígena, lo cual viene a integrar bloques populares más sólidos y organizados que en la primera mitad del siglo XX. Esto explica en parte el ascenso de las izquierdas latinoamericanas, con escasas excepciones como el Salvador o México.

La cultura latinoamericana y en especial la indígena, generan formas de identidad tan particulares como comunes. Ya que al reivindicar mediante reminiscencias materiales un pasado histórico común, se enfrascan en un complejo proceso de asimilación del mundo a nivel simbólico, religioso, mítico y subjetivo que valoriza una forma de vida y de cultura que rebasa la dimensionalidad histórica del capitalismo al cual se pretende insertar la condición indígena.

Y es que el capitalismo se ha encargado de difuminar estas identidades indígenas y las ha sustituido por identidades nacionales que más tienen que ver con un carácter jurídico procedimental a nivel del Estado de Derecho, que con un respeto de las tradiciones culturales e históricas del indigenismo. Eso es precisamente lo que pretende hacer Hugo Chávez en Venezuela, adjudicando, por una parte, al Estado tierras propiedad de indígenas Araucos y Caribes que se sitúan sobre importantes yacimientos petrolíferos y, por otra parte, con su lenta incisión al Estado de Derecho, garantizando, no el respeto a sus tradiciones y su autonomía, sino su derecho a la obtención de los bienes y servicios por parte del Estado Bolivariano. Respeto a las tradiciones y a la autonomía indígena que en México, por ejemplo, defiende el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional frente al Estado Mexicano.
Históricamente el indio latinoamericano ha sido excluido de los proyectos y programas de las Naciones. En las independencias latinoamericanas, el reclamo de las colonias llamaba a la libertad de derechos para los criollos, los cuales hicieron retórica discursiva el pasado indígena para enarbolar su identidad. En México, la Revolución de 1910, garantizó los derechos a una elite que con el tiempo se consolidaría en la burguesía nacional y en Bolivia en 1952 los movimientos sociales consignaron reformas y derechos para los mestizos, en ambos ejemplos se condenó al olvido la condición de indio latinoamericano.

Sin embargo, el gran peso social que ejerce la geografía india en Bolivia ha hecho que la identidad indígena sea el factor que aglutine a las masas en torno al nacionalismo Aymara. Por esto, el ascenso al poder de Evo Morales es significativo para la historia latinoamericana, ya que en Bolivia, contrario a lo que pasa en México con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional o en Venezuela con los Araucos y Caribes, donde es el Estado quien enajena su condición cultural en aras de una inserción capitalista bajo esquemas jurídicos que poco hacen frente al valor de la memoria histórica de estos pueblos. Bolivia supo darle valor a un proyecto populista que desencadenó un nacionalismo indio y se materializó en el proyecto social Aymara que sería un factor importante del ascenso indígena al poder de Estado en la figura de Morales.

Para muestra bastan dos ejemplos, la defensa de la tierra en 1991 y la del agua en 1999 en manos de los indígenas bolivianos. En 1991 la famosa marcha por la dignidad y el territorio movilizó a miles de indígenas bolivianos del oriente, de las tierras bajas y de los enclaves Quechuas y Aymaras hacia La Paz, la capital política y económica de Bolivia, en una movilización histórica nunca antes vista en el país. Y es que la defensa de su tierra de las garras de transnacionales norteamericanas que buscaban acaparar el control de las reservas petroleras de la Nación hizo que se les reconociera en 1994 los primeros territorios indígenas autónomos de Bolivia con sus modificaciones en la Constitución Boliviana para el respeto a su condición multiétnica y pluricultural.

Entre 1999 y el año 2000, las movilizaciones indígenas lograron imponerse a los intentos privatizadores del agua bajo el segundo gobierno de Hugo Banzer en la región de Cochabamba y se aliaron a una Coordinadora en Defensa del Agua, misma que aglutino a muchos sectores de la sociedad civil y los movilizó en protesta de la privatización del agua de Cochabamba. Sin embargo, tras días de pugna y muertes de campesinos, civiles e indígenas, finalmente se reconoció el derecho universal del agua en Cochabamba y se anuló el contrato privatizador con la transnacional Bechtel.

Como lo apreciamos, la configuración de una identidad indígena en América Latina dentro de la expansión del capitalismo, del neoliberalismo y la globalización económica se difumina tristemente en una paulatina enajenanación cultural encabezada por Estados Unidos. La americanización de los recursos materiales y humanos por transnacionales que privatizan no sólo el territorio sino la vida misma, hacen que el proceso de respeto a las tradiciones indígenas se vuelva cada día más complicado.

Estados Unidos con sus políticas intervencionistas y de libre mercado en América y el mundo sólo acentúa una especie de apando indígena dentro de la configuración regional latinoamericana inserta en el capitalismo a nivel de subdesarrollo. Y es que América además de vivir el encierro condenatorio de su subdesarrollo económico ahora vive otro encierro dentro de la norteamericanización a nivel cultural. Un encierro cada día más subyugante en el cual los discursos mercadológicos, las cadenas de comunicación, el Internet y hasta los modelos de estudios latinoamericanos en Norteamérica, ya generan día a día la enajenación de lo propio, de aquello por lo que alguna vez pensadores como José Vasconcelos, Samuel Ramos, Leopoldo Zea o Salazar Bondi defendieron frente a la otredad europea.

Por esta razón, es que hoy en día la reivindicación de movimientos antisistémicos como los indígenas en México, Bolivia y Venezuela; o agrarios como Los Sin Tierra en Brasil; o laborales como los Piqueteros en Argentina, merecen hacer escuchar su voz. En aras no sólo de una reivindicación social o histórica sino en la búsqueda de una identidad fuerte que sea capaz de hacerle frente al dominio económico e ideológico que realiza Estados Unidos con el continente. A nivel político hemos visto cómo la izquierda latinoamericana ha generado bloques sociales loables pero no basta sólo con retórica bolivariana para procurar primero la integración indígena al continente, sino que es necesario hacer conciencia sobre la memoria histórica, rica en tradiciones, cultura, folklor, literatura, historia y tantos elementos de cultura que Estados Unidos no posee, para generar un bloque homogéneo que rompa el apando carcelario que El Imperio impone al continente, condenándolo a su subdesarrollo y ahora a su enajenación.

Bibliografía
1.- Arguedas, José María. El zorro de arriba y el zorro de abajo. San José. Universidad de Costa Rica. 1996.

2.- Favre Henri. El indigenismo. México, Fondo de Cultura Económica. 1998.

3.- Finol José Enrique. “Globalización espacio y ritualización: de la Plaza Pública al mail.” En Espacio abierto. Octubre-diciembre, Vol. 14. Núm. 004. Venezuela. Asociación Venezolana de Sociología. 2005.

4.- Gamio, Manuel. Forjando Patria. México, Ed. Porrúa. 1982.




ESCRITOS

El nacimiento de la Guerrilla urbana en México durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo. Un estudio en torno a La Liga Comunista 23 de Septiembre 1973-1983.

Sergio González.

Tras la brutal represión, persecución y aniquilamiento de las guerrillas en Chihuahua con Arturo Gamiz y en Guerrero con Lucio Cabañas y Genaro Vásquez, se comenzó a encender con mayor fuerza la chispa de propagación y radicalización de las ideas comunistas en México y con ello el nacimiento de distintos movimientos sociales de guerrilla en muchas ciudades del país como Guadalajara, Monterrey, Distrito Federal o Sinaloa, surgiendo de esta manera más de 30 organizaciones armadas.[1]

Hacia 1968 las situaciones se tensaban entre los movimientos sociales armados en las ciudades y los policías y el ejercito mexicano. En la Ciudad de México se conformaron dos brigadas estudiantiles, la primera en la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) y la segunda en la Escuela Superior de Economía (ESE). Incluso el 2 de octubre en Tlatelolco un núcleo armado de estas brigadas se compacto y resistió brevemente el embate represor con gases lacrimógenos y bombas molotov, antes de salir ilesos, previo a la masacre. [2]
En 1971 el Secretario de la Defensa Nacional durante el gobierno de Luis Echeverría Álvarez; Hermenegildo Cuenca Díaz, señalaba que no existían en México guerrillas y que nunca han existido. [3] Y es que el simple reconocimiento de las guerrillas en México por parte del ejercito mexicano implicaría la aceptación del fracaso tanto de los programas de desarrollo social en el campo impulsados por el ejecutivo federal, cuando menos, desde Adolfo López Mateos y además implicaría evidenciar la vulnerabilidad del Sistema de Seguridad Nacional.

Esas dos brigadas estudiantiles la ESIME y la ESE, se convertirían posterior mente en el grupo Los Lacandones que al lado de otros grupos guerrilleros como el Ejercito Insurgente Mexicano, el Frente Urbano Zapatista, Los Comandos Armados del Pueblo o el Frente Armado del Pueblo, en la Ciudad de México. El Movimiento Estudiantil Profesional en Monterrey, el Grupo Comunista Los Guajiros de Chihuahua y el Movimiento Revolucionario 23 de Septiembre que operó además en Sonora, Los Enfermos de Sinaloa, Los Procesos en Nuevo León, Los Macías en Tamaulipas, el Frente Estudiantil Revolucionario de Jalisco, el Grupo de Oaxaca y otros grupos más en distintas regiones del país; serían las organizaciones fundadoras de La Liga Comunista 23 de Septiembre.[4]
Los grupos se reunieron en abril de 1973 en Guadalajara, donde se conformó La Liga Comunista 23 de Septiembre oficialmente y en agosto en Sinaloa para hacer un ejercicio de insurrección en Culiacán. Al evento acudieron estudiantes, obreros y demás sectores sociales que en conjunto con La Liga Comunista 23 de Septiembre hicieron que su ejercicio de insurrección fuese considerado un éxito por los lideres de La Liga.

De esta forma se consolidó un movimiento a escala nacional que abarcó 20 estados del país y que fue la expresión más desarrollada de un movimiento guerrillero urbano, no sólo por su magnitud sino por su organización, su estructura, sus mecanismos y sus elementos que hacían de La Liga Comunista 23 de Septiembre una organización funcional y orgánica en términos administrativos. A saber, en la cabeza se encontraba una Coordinadora Nacional que aglomeró a los principales líderes de cada grupo, un Buró Político, una Dirección General, un Buró Militar y un Comité General de Redacción, encargado de la publicación del periódico Madera. Abajo de los cuales encontramos distintas células de operación y reclutamiento de las masas sociales, estudiantiles y de obreros.

La Liga Comunista 23 de Septiembre, que debe su nombre y el de su periódico a la fecha en que se asaltó el cuartel Madera en Chihuahua, por parte del Grupo Popular Guerrillero liderado por Arturo Gamiz, considerado este evento, como el primer levantamiento guerrillero en la historia de México; empleó tácticas militares de las guerrillas norcoreanas, soviéticas y de otros países del bloque socialista, ya que muchos de sus integrantes fueron entrenados en estos países. Practicando muchas acciones propias de la una guerrilla urbana: secuestros, asaltos bancarios, ejecución de policías, actos de propaganda armada, revolucionaria y de difusión del comunismo; elaboración de bombas, secuestro de aviones, autobuses y de personas, así como quema de distintos bienes muebles e inmuebles, entre otros más.

El 17 de septiembre de 1974 un comando armado de La Liga Comunista 23 de Septiembre, en un intento de secuestro asesinó a Eugenio Garza Sada, fundador del Tecnológico de Monterrey. El 10 de octubre, secuestraron en Guadalajara a Fernando Arangueren y al Cónsul británico Duncan Wiliams. Tras la negativa del gobierno de negociar con La Liga Comunista 23 de Septiembre, liberaron al Cónsul pero asesinaron a Arangueren.

La respuesta del Gobierno a través de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) fue brutal, la persecución de los asesinos de Garza Sada y Arangueren condujo a una de las escenas más violentas y represoras de la historia del México contemporánea conocida como La Guerra Sucia. Gustavo Hirales en su crónica del suceso[5] nos relata cómo a Ignacio Olivares, presunto asesino de Arangueren, y, Salvador Corral, presunto asesino de Garza Sada; les quebraron los huesos, les metieron clavos de viga en las rodillas y en los hombros y según la prensa les hicieron estallar el cráneo. Sus cuerpos los fueron a aventar cerca de las casas de los Arangueren en Guadalajara y de los Garza en Monterrey. Posteriormente Pedro Orozco, responsable del comando de la DFS que encabezó los hechos violentos amaneció acribillado, presumiblemente por brigadas de La Liga Comunista 23 de Septiembre. Con esto se dio inicio aun intensa guerra entre el Estado y La Liga Comunista 23 de Septiembre.

La Liga Comunista 23 de Septiembre, lejos de replegarse intensificó sus acciones y en agosto de 1976 fallaron en el intento de secuestro de la hermana de José López Portillo, Margarita López Portillo. En este intento falleció acribillado Jiménez Sarmiento, el que se consideró como el gran líder de La Liga Comunista 23 de Septiembre. [6]

Generalmente, los periódicos acostumbraban a llamar a los miembros de La Liga Comunista 23 de Septiembre, como peligrosos delincuentes, terroristas y ya se les comienza a llamar como guerrilleros. Testimonio de esto lo encontramos en muchos de los periódicos de circulación nacional de la época como El Universal o el periódico La prensa.

Poco a poco los líderes de La Liga Comunista 23 de Septiembre, cayeron uno a uno, en el mejor de los casos los detenían para torturarlos en el Campo Militar Número 1, cuando no amanecían muertos, los desaparecían o los mandaban de “aviadores”, de “mineros” o de “buzos” como se le llamaba a los presuntos delincuentes que atrapaban en flagrancia y los aventaban vivos de los aviones, los enterraban vivos o los arrojaban al mar vivos atados y envueltos en un costal con piedras para ahogarlos. [7]
Sin embargo, mientras perecía un líder, ascendía otro e inmediatamente lo boletinaban como “el criminal más buscado” y aunque se resistían a la tortura, los integrantes de La Liga Comunista 23 de Septiembre fueron dejando huecos en sus estructura organizacional difíciles de cubrir. Su resistencia a la tortura ha quedado de manifiesto en un testimonio que nos aporta Rafael Concha Cordero, Jefe de la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD) en 1977 durante el sexenio de José López Portillo. [8]

Ante los embates de sus militantes y sus cuadros La Liga Comunista 23 de Septiembre, vive un periodo de reestructuración hacia 1975 y 1976. Periodo en que La Liga abdica paulatinamente por sus posiciones y posturas militares, para favorecer las posiciones y postulas políticas. El periódico Madera llega a tirar la impresionante cifra, para esa época, de 40,000 ejemplares mensuales.

Además se comienzan a movilizar cada vez más a las masas y a crear cuadros y células con fines y objetivos bien establecidos creando brigadas en fábricas, campos agrícolas, escuelas y universidades, grupos indígenas y en general se da mayor participación a la estructura organizativa de La Liga Comunista 23 de Septiembre.

La orientación ideológica en la praxis marxista resulta especialmente interesante, ya que es en estas fechas cuando La Liga Comunista 23 de Septiembre, comienza a formar Comités de Obreros Armados, de los cuales se pretendía preparar al proletariado para las huelgas obrero-patronales que exigirían mejores condiciones de trabajo. También se consolidan Comités de Lucha Clandestinos y Armados con los que se pretendía formar las brigadas revolucionarías. Tareas de primer orden en la construcción de un Partido y un Ejercito Revolucionario orientado hacia el proletariado en México.

Grupos de jóvenes armados irrumpían en los mítines o Asambleas de los obreros, repartían el periódico y se retiraban inmediatamente. Operaron de esta manera durante muchos meses hasta que el 20 de febrero de 1977, cuando irrumpieron en la Asamblea general del Grupo Modelo y un integrante de La Liga Comunista 23 de Septiembre, alzó la voz para señalar que “¡Ahora las peticiones salariales ya no las harán los líderes charros! ¡Para hacerlas cumplir vamos a secuestrar al dueño Antonio Fernández y a otros funcionarios! “[9]

Los obreros no delataron a los integrantes de La Liga Comunista 23 de Septiembre, pero en cambio la Cervecería Modelo despidió a 137 trabajadores el 30 de marzo y La Liga respondió secuestrando a Fernández Rodríguez por quien se pidió un rescate de 25 millones de pesos, la reinstalación en sus empleos de los 137 obreros, el pago de indemnizaciones y la tramitación de pensiones. Las peticiones finalmente fueron cumplidas y Fernández Rodríguez regresó caminando a su casa. [10]

Podríamos decir que éste evento fue el último gran acontecimiento de La Liga Comunista 23 de Septiembre, previo a su aniquilamiento en manos de la llamada Brigada Blanca, grupo paramilitar creado ex profeso como contrainsurgencia del Estado. La Brigada Blanca, se formó de la fusión de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS). La Brigada Blanca, reclutó a los mejores hombres de estas corporaciones y fue creada durante el sexenio de Luis Echeverría, llamada así en virtud de que su objetivo era no dejar huella de sus operaciones, evidencias o pruebas que los pudieran inculpar. En 1976 el escuadrón de la muerte de la Brigada Blanca entraría en operaciones contra la guerrilla urbana y especialmente contra La Liga Comunista 23 de Septiembre.

En la ciudad de México, uno de los Jefes operativos de La Brigada Blanca, Arturo Durazo Moreno apodado “El negro” y Jefe de la Policía del Distrito Federal, realizó la detención de los miembros de La Liga Comunista 23 de Septiembre que participaron en el secuestro de Fernández Rodríguez y el caso de la Cervecería Modelo. Con ello Carlos Hank González, Regente de la Ciudad de México, anunciaría la compra en masa de 150 motocicletas, 500 patrullas, así como cientos de armas y cartuchos para hacer frente a la guerrilla en el Distrito Federal. “El negro” Durazo señaló “No provoco la violencia, hago justicia.” [11]

Cuando la familia de Fernández Rodríguez reclamó el dinero del rescate del secuestro “El negro” Durazo sólo entregó cuatro de los supuestos diez millones de pesos que La Liga Comunista 23 de Septiembre había exigido por el recate. Pero recordemos que el Comité de Redacción del Periódico Madera aclaró que el rescate fue cubierto por la cantidad de 25 millones de pesos que estuvieron supuestamente en manos de los integrantes de La Liga Comunista 23 de Septiembre. [12]

Previo a la aniquilación de La Liga Comunista 23 de Septiembre, en manos de La Brigada Blanca, el 31 de agosto de 1978 La Liga secuestró y mató a Hugo Margaín Charles, hijo del Embajador Norteamericano en México. Y finalmente el 24 de enero de 1981 tras un enfrentamiento entre miembros de La Liga Comunista 23 de Septiembre y miembros de La Brigada Blanca, murió Miguel Ángel Barraza García, apodado “El Piojo Negro.” El último dirigente histórico de La Liga Comunista 23 de Septiembre, en las inmediaciones de Ciudad Universitaria, al sur de la Ciudad de México.

Para 1982 La Liga Comunista 23 de Septiembre estaba prácticamente desmantelada y dividida en tres corrientes La Coordinación Revolucionaria, La Coordinación Obrera y El Comité Comunista Estudiantil. La Dirección Nacional se desmanteló, los líderes del movimientos desaparecidos, presos o muertos; la edición del Periódico Madera suspendida. Archivos, bienes muebles y el dinero incautados. Sus órganos militares y políticos aislados unos de otros y sin comunicarse pasaron a un brutal exilio en el anonimato y la clandestinidad.

A partir de 1983 La Guerra Sucia persiguió, reprimió, castigó, desapareció y asesinó a muchos de los sobrevivientes de la guerrilla urbana en todo el país. Ninguno de estos crímenes fue investigado por el gobierno y aunque hoy en día el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional es heredero de la guerrilla urbana llamada Fuerzas de Liberación Nacional (FLN), mucho se lo debe a sus estrategias de clandestinidad con que operaron, ya que a diferencia de La Liga Comunista 23 de Septiembre las FLN no se adjudicaron actos como el secuestro o el asalto, su modus operandi aun hoy en día es prácticamente desconocido ya que actuaron en una total discreción.

Finalmente, el enorme equivocismo interpretativo del marxismo creó divisiones profundas entre la militancia de La Liga Comunista 23 de Septiembre y es que los representantes de los distintos grupos que formaron La Liga pasaban más tiempo discutiendo y debatiendo doctrinas y programas ideológicos que en estructurar una verdadera base política y militar que contrarrestara los embates de la contrainsurgencia del Estado, quien cada día perfeccionaba sus mecanismos de represión, persecución y aniquilamiento.

Y aunque el modus operandi violento de La Liga Comunista 23 de Septiembre, en lo personal, no me es del todo comprensible. Sí puedo afirmar que contaban con una organización y un proyecto socialista profundo, prueba de ello encontramos la publicación del Periódico Madera y la conformación y capacitación de Brigadas y Contingentes Obreros, Sindicales, Estudiantiles y Sociales que se preparaban en conjunto para llevar a cavo una autentica Revolución Proletaria marxista en México. La Liga Comunista 23 de Septiembre vivió por el sueño de un mañana mejor y murió por ese sueño.

NOTAS
[1] SIERRA G. Jorge L El enemigo interno. Contrainsurgencia y fuerzas armadas en México. México. Plaza y Valdés editores, 2003. Pág. 71.
[2] POO, Jorge. “Los protagonistas olvidados.” En Asalto al cielo, lo que no se ha dicho del 68. México. Ed. Océano, 1998.
[3] “Los Movimientos Armados en México (1917-1994)” Periódico El Universal, México, 1995. [4] Aun cuando La Liga Comunista 23 de Septiembre intentó acercamientos con el Partido de los Pobres (PdlP) de Lucio Cabañas y La Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR) de Genaro Vásquez no fue posible su integración, los motivos no son del todos claros, pero lo que sí sabemos por testimonios de sobrevivientes es que una de las diferencias sustanciales entre los movimientos de Guerrero con La Liga Comunista 23 de Septiembre estaba a nivel ideológico y práctico de las doctrinas y principios marxistas y maoístas. Otro acercamiento importante que no vio la luz fue el de La Liga Comunista 23 de Septiembre con las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) que 25 años después serían uno de los gérmenes importantes del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Los motivos, diferencias en la asimilación y en la práctica de las líneas y los programas de acción. Véase Hugo Esteve D. Las armas de la utopía. La tercera ola de los movimientos guerrilleros en México. México, Instituto de Proposiciones Estratégicas (IPE), 1996. Y Carlos Tello D. La rebelión de las cañadas. México. Ed. Cal y Arena, 1995.
[5] HIRALES, Gustavo. Memoria de la guerra de los justos. México. Ed. Cal y Arena, 1996. Pág. 71.
[6] “Pereció el cabecilla visible de La Liga 23 de Septiembre en el intento de secuestro.” Periódico El Universal. 12 de agosto de 1976.
[7] Dicha información la sabemos gracias a los testimonios de algunos sobrevivientes del movimiento que han sido recopiladas en libros como los de Gustavo Hirales. op. cit. 1996. Así como testimonios de ex militantes de La Liga Comunista 23 de Septiembre, tal es el caso de Jaime Laguna y Eladio Torres en su crónica La Liga Comunista 23 de Septiembre. Un recuento histórico. Mimeo. Citado en SIERRA G. Jorge L op. cit. 2003.
[8] “Detienen a cinco presuntos guerrilleros.” Periódico La Prensa. 26 de enero de 1977.
[9] “En contacto están ya la familia y los secuestradores.” Periódico El Sol de México. 31 de marzo de 1977.
[10] “El plagiado libre.” Periódico El Sol de México. 1 de abril de 1977.
[11] “No provoco violencia, hago justicia. Durazo.” Periódico La Prensa. 19 de abril de 1977.
[12] El Periódico Madera en su año 5, num. 30 de abril de 1977 a través del Comité de Redacción de La Liga Comunista 23 de Septiembre, señala que las peticiones fueron cumplidas, incluida el pago de la suma de 25 millones de pesos. Sin embargo el periódico El sol de México del 30 de marzo de 1977 señala que sólo fueron 10 millones de pesos. Véase también “Desaparecieron seis millones de pesos.” Periódico La Prensa. 23 de abril de 1977.


BIBLIOGRAFÍA

1.- ESTEVE Díaz, Hugo. Las armas de la utopía. La tercera ola de los movimientos guerrilleros en México. México. Instituto de Proposiciones Estratégicas. 1996.

2.- HIRALES, Gustavo. La Liga Comunista 23 de Septiembre: orígenes y naufragio. México, Ediciones de Cultura Popular, 1977.

3.- HIRALES, Gustavo. Memoria de la guerra de los justos. México. Cal y Arena, 1996.

4.- LOZA Ochoa, Oscar. Tiempo de espera. México. Universidad Autónoma de Sinaloa, 1986.

5.- POO, Jorge. “ Los protagonistas olvidados.” En Asalto al cielo, lo que no se ha dicho del 68. México, Ed. Oceano, 1998.

6.- REYES Peláez, Fernando. Material gráfico de los movimientos armados en México (1964-1996). Cuadernos de Avances de Investigación, núm. 3. México. Centro de Investigaciones Históricas de los Movimientos Armados. 1997.

7.- SIERRA G. Jorge L El enemigo interno. Contrainsurgencia y fuerzas armadas en México. México. Plaza y Valdés editores, 2003.

8.-TELLO Díaz, Carlos. La rebelión de las Cañadas. México. Cal y Arena. 1995.

PERIÓDICOS

1.- El Universal.
12 de agosto de 1976.
14 de septiembre de 1977.
9 de enero de 1978.

2.- El Sol de México.
26 de enero de 1977.
30 de marzo de 1977.
31 de marzo de 1977.
1 de abril de 1977.
13 de abril de 1977.

3.- El Excélsior.
15 de abril de 1977.

4.- La Prensa.
26 de enero de 1977.
15 de abril de 1977.
19 de abril de 1977.
23 de abril de 1977.

5.- Madera.
30 de abril de 1977.
ESCRITOS

El nacimiento de la primera Guerrilla en México durante el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964).

Sergio González.

“Nuestro deseo es cambiar el mundo y eso nos llevará mucho tiempo. Mientras más pronto empecemos a luchar por cambiarlo, mejor.”
Arturo Gámiz.

El presente trabajo expone brevemente el surgimiento de la primera guerrilla popular en la historia del México del siglo XX. Misma que tuvo lugar en Chihuahua, cuna del primer levantamiento armado guerrillero. Este levantamiento también represento el foco que motivo la puesta en marcha del entonces presidente Adolfo López Mateos (1958-1964), de la que hasta ese momento fue considerada la más grande e importante carrera armamentista en México, con el único fin de ponerle fin a los llamados “alzados” que en realidad lo que hacían era ejercer su derecho a la tierra tras frustrados intentos de negociación.

Esto desmiente la idea de que Adolfo López Mateos fue un presidente de paz y extraordinario orador, idea que se ha encargado de construir la historiografía oficial y las biografías de poder que historiadores de gobierno y gabinete como Enrique Krauze [1]se han empeñado en mostrar. Cuestiones como el surgimiento del primer movimiento guerrillero en México y la carrera armamentista más importante de la hasta entonces historia de nuestro país parece que sin lugar a dudas forman parte del olvido del sexenio de López Mateos en la historiografía oficial. Ya que ponen en evidencia la incapacidad operativa del gobierno mexicano en la resolución de las problemáticas del campo mexicano.

Tras el reparto agrario al que convocó la Revolución mexicana de 1910, hacia la segunda mitad del siglo XX encontramos reflejos de un programa de reparto de tierras no cumplido por la dicta blanda partidista institucionalizada en el poder de México. En Chihuahua, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y otros Estados del país el reparto agrario entre los indígenas y campesinos rurales no había sido más que una triste falacia difuminada bajo la careta del espectro de la modernización. Pobreza extrema y acaparamiento de las tierras bajo el esquema hermético de un Estado mexicano que se militarizaba y paramilitarizaba en protección de la propiedad privada de los grandes caciques y terratenientes ha sido una realidad en el campo mexicano posrevolucionario.

En Chihuahua, bastión de la llama que enciende la guerrilla armada en México, las protestas populares se cristalizaron en la Unión General Obrera Campesina de México (UGOCM). Misma que debe ser interpretada no como una “revuelta de alzados” sino como la expresión sistemática y organizada frente a los abusos de poder y autoridad desde el Estado y el acaparamiento voraz de tierras. Entre los lideres del UGOCM se encontraban Arturo Gámiz, Profesor que operaba acciones militares, políticas e ideológicas en la sierra de Chihuahua para disponer de un instrumento que permitiera al pueblo organizarse y transformar sus miserables condiciones de vida. Y quien al lado de otros maestros y campesinos lograron exponer sus necesidades, tras años de audiencias negadas en el Cabildo Municipal y en Palacio de Gobierno en Chihuahua, ante Adolfo López Mateos, aprovechando la llegada del dignatario a Chihuahua en marzo de 1963. López Mateos después de escucharlos hizo llegar a la UGOCM sus resoluciones, entre las cuales se daría respuesta a las justas demandas campesinas de reparto agrario y control en la tala de árboles en la sierra de Chihuahua.

Sin embargo, las resoluciones presidenciales nunca llegaron a cumplirse y a nivel institucional el aparato burocrático del partido en el poder mostró sus carencias de autoridad. La resolución del Presidente nunca fue acatada por el Gobernador de Chihuahua Gíner Durán quien a su vez nunca dio la orden de cumplimiento a sus municipios.

Según Arturo Gámiz, escribe en junio de 1963 en el periódico La voz de Chihuahua que diez mil propietarios poseían y acaparaban 80 millones de hectáreas frente a dos millones de ejidatarios que tenían 40 millones de hectáreas en el país. Mientras que en Chihuahua 300 personas poseían la tercera parte de las áreas de riego; 100 mil ejidatarios tenían 4.5 millones de hectáreas frente a 50 mil hombres sin tierra. [2]

Esta misma radicalización del movimiento ante la falta de respuesta por parte de las autoridades, hizo que en menos de veinte meses la crisis estallara en el ya legendario 23 de septiembre de 1965. Cuando un grupo de maestros, estudiantes y campesinos encabezados por Arturo Gámiz, organizaron en 1963 el Grupo Popular Guerrillero (GPG) e incursionaron al cuartel del Ejercito mexicano en ciudad Madera ubicado en los límites de la Sierra Tarahumara que divide geográficamente a Sonora de Chihuahua. El resultado de aquel ataque fue el aniquilamiento de la guerrilla y la muerte de su líder Arturo Gámiz.

Durante el sexenio de Adolfo López Mateos se privilegiarían las tareas de contención de las luchas sociales y entre 1963 y el sexenio de Díaz Ordaz se puso especial énfasis en la creación de organismos militares adiestrados especialmente para la lucha contra los movimientos populares urbanos y rurales. Aunque más adelante ya con Echeverría se perfeccionarían los mecanismos represores. Así, en 1959 contingentes militares intervinieron en la huelga nacional ferrocarrilera; hacia 1960 en las huelgas de Teléfonos de México y de Mexicana de Aviación y en 1961 se disolvieron manifestaciones en el Distrito Federal, Acapulco y San Luis Potosí.

De tal suerte que la pobreza en las zonas rurales de México, la violencia ejercida por los cacicazgos locales, los abuso de autoridad por parte de los gobiernos municipales y el paulatino desgaste del diálogo entre gobierno estatal y federal con masas campesinas, indígenas, de maestros, estudiantiles y de otros sectores sociales, rompieron la posibilidad de las soluciones legales y fue entonces cuando se empezó a plantear una línea de acción bélica en Chihuahua por parte del UGOCM. Estos temas fueron discutidos entre 1963 y 1964 en los Encuentros de la Sierra convocados por la UGOCM, donde participaron maestros, campesinos, estudiantes y demás gente interesada, esto será la pauta para el nacimiento del Grupo Popular Guerrillero.

Finalmente, durante el sexenio de Adolfo López Mateos se registró la mayor compra de armas registrada hasta entonces en la historia de México; y se organizaron tácticas de defensa militar en redes ferroviarias, telefónicas y aéreas ante el temor de ataques subversivos. Ante este clima de inestabilidad el Presidente de la República ordenó al ejercito la puesta en marcha de programas de acción social para persuadir a campesinos a desistir del uso de las armas. Entre los ejes rectores del programa encontramos medidas de salud, higiene, educación cívica y social a través de brigadas militares.

Esto marcará el nuevo horizonte estratégico, táctico y militar del ejercito mexicano que sería años más tarde una de las estrategias de aniquilamiento de la Asociación Cívica de Genaro Vázquez y del Partido de los Pobres de Lucio Cabañas entre 1972 y 1974.
Notas.
[1] Krauze, Enrique. El sexenio de López Mateos, Editorial Clío, México, 1999.
[2] Estos datos que nos arroja Gámiz se deben de tomar en dos líneas, la primera desde la óptica de la historiografía donde sólo una aproximación estadística en la medida en que las fuentes lo permitan, arrojará luz en torno a qué tan aproximado se encontró Gámiz en la proyección de esas cifras. Pero en una segunda línea arroja importante luz para comprender el pensamiento de Gámiz a la sombra de un levantamiento armado, y es especialmente revelador al publicarse en un medio de difusión como la prensa escrita ya que irradia a las masas este discurso. Lo cual es interesante ya que lleva a pensar en los mecanismos de asimilación y radicalización de las ideas de Arturo Gámiz por parte de las masas.

Referencias bibliográficas.
1.- Arturo Gámiz, Periódico. La voz de Chihuahua. 12 de mayo de 1963.
2.- _____________ Periódico. La voz de Chihuahua. 12 de junio de 1963.
3.- González Eguiarte, Oscar. “Sobre los acontecimientos de Madera.” En Minerva Armendáriz Ponce. Morir de sed junto a la fuente, Sierra de Chihuahua 1968. Testimonio, México, 2001.
4.- Krauze, Enrique. El sexenio de López Mateos, Editorial Clío, México, 1999.
5.- Krauze, Enrique. “Adolfo López Mateos: El orador.” En: La presidencia imperial. Ascenso y caída del sistema político mexicano, México, Tusquets, 2005, pp. 217- 248.
6.- Piñeyro , José Luis. El profesional ejercito mexicano y la asistencia militar de Estados Unidos (1965-1975). Tesis, CEI-COLMEX, México, 1976.
7.- Sierra Guzmán, José Luis. El Enemigo interno. Contrainsurgencia y fuerzas armadas en México. México, Universidad Iberoamericana, 2003.