Una nota a la economía cultural latinoamericana. A propósito de García Canclini

ESCRITOS

Una nota a la economía cultural latinoamericana. A propósito de García Canclini.[1]

Sergio González.

El presente trabajo constituye el reflejo de una reflexión que el ensayo de Néstor García Canclini Latinoamericanos buscando lugar en este siglo, ha despertado en mí, a partir de su propuesta para consolidar una industria cultural latinoamericana. Y es que lejos de formular una oposición al planteamiento de Canclini, me interesa mirar en las formas como se da esta integración de la industria cultural a la globalización capitalista. Aspecto que Canclini someramente argumenta. Si bien hablar de la industria cultural latinoamericana implica una empresa interesante, por razones de síntesis en el trabajo sólo me dedicaré a mencionarlas como un primer boceto, dejando la profundización para un segundo momento. Por ello me interesa a groso modo plasmar la reflexión que hago en torno a la economía cultural y su producción industrial cultural en América Latina y como ejemplo tomo el de las televisoras.

La primera década del siglo XXI se inserta en una querella ambivalente entre la globalización y su inserción plena del bloque latinoamericano, por un lado, y la disolución final del nacionalismo por la otra. Y es que parece ser que el transito entre el liberalismo y el neoliberalismo, ambas políticas impulsadas por el Imperio Norteamericano para el control del bloque latinoamericano en aras del impulso de su capitalismo voraz. Se está tornando ya no una cuestión de identidad y conciencia regional, sino una suerte de ética kantiana donde el fin último justificará los medios.

Podemos pensar hoy en día que el desarrollo y el crecimiento de América Latina ya no dependen solamente de modelos y políticas económicas autogestoras, sino que en un horizonte próximo la inserción como bloque latinoamericano al proceso pleno de globalización capitalista implicaría pensar qué características nos harán integrarnos como latinoamericanos a una economía que no parece tener un proyecto sólido frente a las identidades regionales.

Pensar en una economía cultural como lo hace García Canclini parece ser una llamada de atención a este propósito. Sin embargo, debemos tomar en cuenta aspectos antropológicos fundamentales. Por ejemplo, ¿hasta qué punto terminamos, al insertarnos a una industria cultural globalizada, enajenados con respectos a nuestra identidad regional y más aun con respecto a nuestra historia?

Y es que si bien la inserción al proyecto global es una emergencia que de no llegar a atenderse plenamente en el ámbito de la reflexión crítica y concienzuda en las universidades, espacios públicos y demás recintos donde la libertad de pensamiento y opinión no estén vetados por los Estados. Corre el riesgo de que se difumine tristemente el valor histórico, antropológico y cultural en cada región del continente de la identidad latinoamericana. Pienso que sería un suicidio cultural buscar primero una inserción de nuestra economía cultural al mercado internacional, antes de poder consolidar los nexos de un bloque latinoamericano con identidad cultural propia. Y es que muchos pensadores latinoamericanos; desde Alberdi, Salazar Bondy, Samuel Ramos, Zea, Paz; pasando por Fernández Retamar, Rodó, Vargas Llosa y el recién desaparecido Benedetti. Han entregado su vida en búsqueda de este espacio integral de desarrollo y crecimiento social en América Latina.

Si bien García Canclini puntualiza en el eje sobre el cual se debe reconstruir lo latinoamericano debe girar en torno a una producción simbólica y a un intercambio sociocultural. Pienso que esto no puede suscitar como suerte de generación espontánea identidades culturales por todos y cada uno de los rincones de América Latina, tampoco pienso que la inserción de una economía cultural lo consiga.

Sin embargo, reconozco en los postulados el merito de Canclini de llevar en sus líneas una reflexión concienzuda y razonada de la realidad latinoamericana que ya muchos que se llaman latinoamericanistas quisieran tener. Y es que este tipo de ejercicios para relucir los hermosos artificios de los juegos reflexivos de nuestra razón latinoamericana nos hace mucha falta.

Pienso por el contrario que el dilema de la identidad latinoamericana, por lo menos en la primera década del siglo XXI, no radica en si nos insertamos o no dentro de un proceso global con una economía cultural. Sino en la forma en cómo lo estamos haciendo, qué estamos anteponiendo nosotros para dejar plasmado no el valor agregado o la plusvalía a la transnacional, sino nuestra cultura, nuestra historia y nuestras raíces propias de cada región.
Comparto la propuesta de Canclini pero discrepo en las formas como lo está planteando en su ensayo, en la forma es donde pongo hincapié para cuestionarnos en torno a nuestro quehacer frente a la industria cultural latinoamericana. México, por ejemplo, tiene una de las cadenas televisivas con mayor impacto en el mundo, Televisa, y qué hacemos como mexicanos para influir en la vulgarización de la cultura presentada en sus telenovelas, sus programas y sus llamados concursos familiares.

Esa enajenación que ha generado el poder de los medios de comunicación masiva como la televisión y el Internet, son ejemplos de cómo se bombardea el subconsciente latinoamericano en aras de la economía cultural insertada cada día más en la globalización. Y es que no trato de decir con ello que las cadenas televisivas plasmen solamente cultura a sus televidentes, sino que nosotros como receptores tenemos derecho de exigir mejor calidad de programación con espacios para la reflexión y la crítica. Espacios que permitan y alimenten la comprensión de la realidad de América Latina frente al mundo, su explicación y una toma de conciencia encaminada a fortalecer los lazos históricos y culturales en el continente.

Si no toda la población tiene acceso a las Universidades, en cambio sí tiene acceso a televisiones, cuando no un 100% si una grandísima parte de la población en América Latina tiene televisión en casa. Por tanto si queremos forjar identidad en América Latina como un frente de defensa a la globalización capitalista, empecemos a pensar en función de lo que nosotros como receptores de la televisión podemos exigirle a las grandes cadenas televisivas para que ejerzan su compromiso social educando a esta población.

Si a nivel de economía política Marx planteaba ya el ascenso del proletariado y el control de los medios de producción en contraposición con la burguesía. Porqué no pensar en función de que una economía cultural merece una revolución semejante. Cuando menos se merece el beneficio de la reflexión conciente y crítica de sus implicaciones.

Y es que a nivel televisivo muchas de las cadenas televisivas se administran bajo un esquema empresarial de producción. Con la más mínima sensibilidad social y cultural para con sus televidentes, con la única consigna de producir lo que venda, lo que reditúe, lo que incremente la economía del dueño. Siendo así que la educación y la cultura no se inscriben en semejante proyecto empresarial al no se redituable económicamente.

Por tanto más que una utopía, lo que busco es la consolidación de un proyecto revolucionario que lleve al control de los medios de producción televisiva y su emisión pública al aire por parte de las universidades. Donde a las universidades se les de un espacio para divulgar, educar y formar a todas esas personas que no tienen acceso a una Universidad por falta de espacios. Me parece que la televisión puede contribuir coadyuvada con las Universidades a forjar esa identidad latinoamericana y entonces sí, pensar con García Canclini, en una inserción de nuestra industria cultural a la economía global.

REFERENCIA

[1] GARCÍA CANCLINI, Néstor. Latinoamericanos buscando un lugar en este siglo. Argentina, Piadós. 2002. 106 pp.


Comentarios

  1. Tu mentalidad es apenas la tercera parte de lo que en realidad dices. Deberás eres estudiante o un simple vasallo de los monopolios de la educación, como lo es la UNAM, la máxima casa de estudios que según hace maravillas con el poco presupuesto que se le otorga. Att: Anarquista Morrison

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