Sergio González.
El Manual de Oslo sobre innovación, de la Organización para la Cooperación
y el Desarrollo Económicos (OCDE)
define la innovación como la capacidad de implementar cambios significativos en
el producto, proceso, marketing u organización de la empresa, con el propósito
de mejorar los resultados. Así, los cambios que sostienen la innovación están
soportados en nuevos conocimientos y en el desarrollo tecnológico que las
organizaciones impulsan de manera interna mediante servicios de consultoría o
compra de tecnología.
Uno de los programas de
innovación más complejos dentro de las empresas radica en el impulso de nuevos
métodos de productividad orientados como procedimientos de provisión de
productos o prestación de servicios profesionales, lo que deviene en la
incorporación de nuevos roles dentro de la institución y/o en la adquisición de
nuevas tecnologías. La innovación tecnológica, utiliza una base de
conocimientos previamente adquiridos y desarrollados en su interior, los cuales
mejoran la competitividad de las
empresas.
La competitividad es la capacidad que desarrollan las empresas para
actuar en el mercado y mantenerse en un nivel de productividad que les resulta
rentable. Hoy en día la competitividad depende cada vez más de factores
intangibles que de bienes tangibles, ya que está más vinculado al mercado de producción de conocimiento e innovación
que al mercado de tecnologías o a capitales financieros, ambos necesarios pero
insuficientes a la hora de marcar diferencias sustanciales entre empresas
competidoras. Así, la historia ha demostrado que las empresas más longevas en
el mercado mundial son empresas que apostaron por el conocimiento y la
innovación como factores de competitividad y resiliencia, lo que marcó su diferencia, utilidad y valor dentro de la economía capitalista.
De tal suerte, hoy en día las
propuestas que más valor generan a las empresas están basadas en la innovación
que es capaz de asimilar un proceso vivo con elementos tecnológicos y la
implementación de ritmos nuevos en el ciclo
productivo de la organización, aterrizados a cada área de la empresa, lo
que nos coloca ante un sistema de gestión de la innovación empresarial, basado
en redes organizativas del conocimiento en cada área, delegación y toma de
decisiones sustentadas en comités de gestión dentro de la organización que
agilicen el fomento de la interacción entre sectores diversos de la institución
que quedarán interconectados bien desde el gobierno tecnológico o desde la profesionalización del capital humano.
En nuestros días pensar en un modelo de gestión de la innovación
implica en primer lugar, conciliar la complejidad tecnológica con la
formalización de procesos y procedimientos para su gestión y administración,
explicitando planes estratégicos y espacios de interrelación donde la
organización pueda tener claro qué agentes o comités dentro de la empresa deberán
intervenir en caso, por ejemplo, de ciberataques,
denegación de servicios y operaciones
o exposiciones por malware, entre
otros.
Una segunda vertical de gestión de la innovación, se orienta en
mantener el talento dentro de la institución, el cual centra su operación en el
binomio capital humano y capital intelectual, desde la
estrategia de mejora del desempeño y
la motivación para las áreas de la organización que precisan competencias técnicas y humanas, por
ejemplo, aquellas que brindan servicio a las redes y quienes con recursos humanos, tecnológicos y técnicos
se encargan de proveer seguridad a dichas redes.
Una tercera vía para gestionar un
correcto modelo de la innovación
institucional debe proveer ahorros sustanciales a la empresa en la implementación
de recursos tecnológicos y principalmente humanos con un perfil técnico especializado que garantice la continuidad de los
servicios y las operaciones brindas por la organización. Para lograrlo debemos
centrar nuestra atención en modelos de gestión
del talento institucional, identificando, buscando, seleccionando y
formando redes de transferencia del
conocimiento, para poder adaptar los recursos ya existentes en la empresa
con los cambios tecnológicos, lo que
deviene en ahorros en gasto corriente
porque la gestión de la innovación institucional permite alinear el
conocimiento sobre normas y estándares internacionales con la filosofía de la empresa, creando
identidad a su interior sin tener que salir al mercado gastar en el salario de
nuevo personal certificado cuando lo podemos tener nosotros mismos gestionando
nuestro propio talento.
La innovación trae consigo nuevos
productos o servicios dentro de un competitivo mercado de valores, donde las
empresas con mayor resiliencia en el mercado son aquellas que más valor genera a
sus servicios y operaciones a través del mejor
diseño, la mayor calidad
posible, diferencia sustantiva frente a sus cercanos competidores y una
adecuada armonía con el medio ambiente.
Lo que nos lleva a concretar rediseños y mejoras de procesos en la institución,
esto es innovación en el más extenso sentido de la palabra, donde el cambio tecnológico se introduce como
complemento del cambio de paradigmas en la profesionalización del talento
de nuestro personal, incrementando un capital inagotable en la empresa, el
capital intelectual. He aquí la cuarta vertical de un modelo de gestión de la innovación, la resemantización de procesos institucionales
desde un capital primario, el intelecto
como piedra angular del talento en nuestra empresa.
El quinto elemento de un modelo
de gestión de la innovación está centrado en la administración del talento institucional, labor nada sencilla ya
que requiere diagnosticar las
potencialidades propias del talento ya existente en nuestros recursos humanos, detectar sus necesidades de capacitación,
desarrollar planes personalizados de
capacitación anual, diagramar las áreas donde se procesa, transmite y
almacena el conocimiento, para transferirlo de manera idónea a las áreas de la
empresa que son capaces de gestionar el
riesgo del conocimiento interconectado los servicios y operaciones a un adecuado saber-hacer que incremente la
productividad en la empresa.
Finalmente, mencionar que todo
proceso de innovación tecnológica y
gestión del conocimiento organizacional
está orientado al fortalecimiento de una
cultura institucional que implique a los trabajadores con la filosofía de la empresa, proveyendo de
identidad la implementación de mejoras, marcos normativos y estándares de calidad
internacional dentro de la institución. Así, nos encontramos ante un cambio continuo de paradigmas, parte
medular de la innovación global y
fuente del desarrollo científico hacia
la segunda mitad del siglo XXI, lo que promueve un ambiente idóneo para la
prosperidad del cambio y el incremento productivo en productos, servicios y
procesos.
En Sedago consultoría, proveemos modelos
de gestión de la innovación institucional para las empresas, lo que garantiza su resiliencia
organizacional desde el ahorro sustancial del gasto corriente al develar el
talento institucional, mapeando las áreas donde el personal puede mejorar su
productividad, incrementando la calidad, el diseño y la implementación de
operaciones y servicios competitivos que armonizan con el medio ambiente.
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