Reflexiones en torno a la configuración de las clases nacionales en la construcción de la nación

Reflexiones en torno a la configuración de las clases nacionales en la construcción de la nación *

Sergio González.

Es una realidad que a lo largo de la historia de América Latina los intereses políticos la ha asediado, haciéndola presa de sus propios males. La configuración de la nación y de las clases que emanan a su interior, las clases nacionales, se ven afectadas en un tiempo por los intereses españoles, portugueses, británicos y ahora por el imperialismo norteamericano. Imperialismo que para el siglo XXI bajo el mando de Obama, defiende y promueve la guerra y la militarización y que irónicamente recibió el Premio nobel de la paz, el cual ya perdió toda credibilidad en manos del presidente de la nación más armada y poderosa del mundo, cuando este premio lo recibieron en su momento verdaderos hombres de bien como Martín Luther King en 1964, Teresa de Calcuta en 1979 o Rigoberta Menchú en 1992.

Pero este asedio imperial sobre América Latina no termina con la militarización sino con las nuevas políticas de intervencionismo que ya desde los dos periodos de gobierno de Bush y ahora con más fuerza con Obama dejan descargar toda su rudeza en conflictos nacionales internos sin el mayor respeto de la autonomía nacional de los países latinoamericanos. En el conflicto Colombia-Ecuador interviene militarizando y dotando de armas y bases estratégicas la frontera colombiana en su lucha contra lo que ellos llaman terrorismo en las FARC. En Venezuela, no dejan de intervenir en el ámbito económico en el gobierno de Chávez, para muestra la última reforma que impulsó el presidente con pretensiones literalmente de eternizarse en el poder, misma situación la encontramos recientemente en las colonias criollas de Bolivia en el pasado referéndum constitucional de Evo Morales el cual ya le permitió mediante sufragio permanecer mucho tiempo en el poder.

Otros ejemplos son los de Honduras y el marcado intervencionismo para retirar del poder al presidente de facto Micheletti mediante elecciones que fueron maniqueadas económicamente por el Imperio. El intervencionismo en Costa Rica y Panamá no han cesado y son controladas política y económicamente por Estados Unidos violando su soberanía nacional. En Cuba, al poder intervenir en las decisiones políticas, Obana mantiene el bloqueo económico a la Isla. Y, en México, la situación no es distinta, con la militarización del llamado Plan Mérida que promueve Obama a través de Napolitano y que es una violación brutal a la soberanía nacional mexicana y un golpe rotundo para impedir el crecimiento de las clases nacionales en todo el continente.

En contraparte a las grandes estructuras nacionales en América Latina, encontramos a sus agentes, a sus configuradores y a sus creadores, las clases nacionales. Resistencia histórica que ha hecho frente de manera impresionante al asedio intervencionista imperial tanto en el ámbito económico, caso de Cuba y a nivel político como Venezuela, Bolivia y Brasil. Es por estas clases nacionales que la nación sobrevive a mutilaciones territoriales, a invasiones culturales y a la instalación obligada e impertinente de políticas internacionales. Pero son precisamente esos asedios y mutilaciones los que en un efecto de contradicción dialéctica dan vida a los agentes que a su vez revitalizan a la nación con su lucha antiimperialista.

Anteriormente, durante gran parte del siglo XIX las clases nacionales formaron un gran campesinado que tras la industrialización en América Latina impulsada por los intereses británicos y norteamericanos configuraron una base proletaria mas o menos sólida en su estructura. Sin embargo, históricamente fueron marginales, cosificados por su fuerza de trabajo y condenados a la pauperización. Ante estos grupos caóticos la oligarquía y las nuevas burguesías nacionales encontraron una nación fácilmente doblegable a sus intereses, cosa que duró hasta bien entrado el siglo XX y los procesos revolucionarios en América, desde Villa y Zapata en México, hasta Castro y Guevara en Cuba, pasando por el movimiento de Allende y de Sándino todos pugnaron por una superación por parte de las mismas clases nacionales de sus condiciones de pauperización social frente al Estado, esta clase es la que ahora es la base de la resistencia ideológica que se sigue en el continente.

Lo que se busca es un ingreso orgánico a la nación, un ingreso del cual durante mucho tiempo estuvieron excluidas las clases nacionales y que ahora se encuentran ante la dilatación crítica de una paciencia petrificada por la exclusión, comienzan a encontrar nuevos caminos y a enumerar y evaluar los factores que les permitirán la superación real de la pauperización y la exclusión del mestizo y del indio.

Pero cuando lucharon contra una clase extranjera imperial se encontraron que la bestia había engendrado a una burguesía nacional capaz de reproducir, adecuar y perfeccionar sus instrumentos de opresión en las clases nacionales, pero ahora bajo la bandera de “la nación.” De esta forma, la lucha se dio en dos frente contra el enemigo externo y contra el enemigo interno.

Los grandes latifundistas, terratenientes campesinos, la burguesía minera y la élite comercial se vincularon directamente con la oligarquía imperial extranjera. El enemigo interno centró sus fuerzas y su capacidad de enriquecimiento en el despojo y la explotación de los bienes nacionales, que eran tradicional, original e históricamente de los indios. Haciéndose de esta manera antinacional en la medida en que despojan de su propio suelo lo es de la nación, lo que es de todos, arraigándose cada más al imperialismo capitalista norteamericano.

Sin embargo, lo reitero, es gracias a la resistencia de las clases nacionales conformadas por campesinos, indios y mestizos ante estos embates que hoy en día puedo estar hablando de elementos culturales comunes en cada nación latinoamericana, elemento que nos hacen únicos frente a naciones europeas, africanas o asiáticas y son fuente de identidad a través de una reivindicación de nuestra historia y nuestra cultura. Tal vez, si históricamente no hubieran existido estos elementos presentes a lo largo de los embates imperialistas, tal vez estaríamos hablando ya no de una nación sino de un híbrido de intereses oligopolios al interior de un territorio.

La exclusión pretendida por los españoles, portugueses, franceses y holandeses durante los siglos XVI al XVIII jamás pudo ser una realidad, salvo en el caso, irónicamente, de los ingleses en Haití y principalmente en Norteamérica donde exterminaron a los apaches y con esto exterminaron la memoria histórica de una nación que hoy se jacta de tener memoria musealizando sus más ínfimas piezas patrimoniales. En América Latina la exclusión, la disgregación, el aislamiento y el destierro cultural fueron eficaces para fortalecer la resistencia de las clases nacionales pero ineficaces en la destrucción cultural europea. Todos estos elementos se traducen hoy en día en una defensa sólida de la tierra, en levantamientos armados y alzamientos sociales que terminan con represiones ejemplares frecuentemente sádicas por parte del Estado represor.

Desde la óptica de los europeos, que dicho sea de paso exentan la hermenéutica de la otredad social, no hay atropello ni abuso en la construcción de la nación en América, desde allá nos miran como un bastión mercantil donde la producción a escala mundial encuentra en América su mundo global. Ellos son los que sufrieron la consolidación económica del euro y padecieron la diversidad ideológica y cultural de antropocentrismo del renacimiento, la ética protestante, el advenimiento de “la razón”, el crecimiento de la técnica y el desarrollo de la tecnología para industrializar el mundo y por esto se confieren derechos sobre nosotros para imponer las características de la civilización capitalista. De modo que ahora los Estados Unidos si bien no se sienten herederos de esta tradición la asumen desde la cúspide del capitalismo como la nación más “avanzada” del mundo y en ese mismo afán imperial impone su ritmo “civilizador” en el continente. Es una realidad, la fase superior del capitalismo no solo es el imperialismo como lo dijo Lenin, sino también la fase última de un Estado nacional opresor sobre sus clases nacionales.

La verdadera nación, aquella que se forja desde sus bases con la identidad y solidaridad de sus clases nacionales, es aquella que lucha por la defensa de sus recursos naturales, sustentabilizandolos y no explotándolos hasta sangrarlos y matarlos en el deterioro. Es aquella que defiende su mercado interno de las uñas de los capitalistas monopólicos. Y es que al no estar favoreciendo un nacionalismo desde abajo, desde las clases nacionales se está irremediablemente favoreciendo un nacionalismo de los opresores.

No podemos hablar de esta forma de nacionalismo sin hablar del valor de las movilizaciones, de las resistencias y de las defensas que se han realizado en el continente por parte de sus agentes. Así, la nación no puede avanzar a la forma de su Estado moderno sino mediante el ascenso y la toma del poder por parte de las clases nacionales, que son las que en su memoria y en su herencia cultural mantienen y han conservado viva a la nación frente a todos estos embates del enemigo interno y externo.

Esta es una de las razones por las cuales el nacionalismo conlleva la noción de la lucha de clases que se desahoga no sólo en la querella entre opresores y oprimidos sino en la lucha de clases nacionales frente a las clases extranjeras. Se vuelve necesario de esta manera hablar de una lucha entre nación e imperialismo, pero solamente hablamos a este nivel en el caso del Brasil de Lula, ya que la configuración de las clases nacionales ha llevado a la configuración de una nación que se opone a la burguesía nacional y a los intereses imperiales de Estados Unidos. Por esto es preciso configurar la nación desde las clases nacionales y desde ahí hacer frente a los embates imperialistas o extranjeros que aquejan al continente.

NOTA

* Reflexiones elaboradas a partir del texto de René Zabaleta Mercado. La formación de la conciencia nacional. Marcha editores. Montevideo, 1967.

Comentarios

  1. Si bien el texto de Zavaleta se ha convertido ya en un clásico para los estudios latinoamericanos no comparto la desvinculación que realizas entre EUA y Brasil, ya que es precisamente éste quien no ha dejado de estar históricamente vinculado con EUA, más ahora el Brasil de Lula. Otra cuestión que preocupa es la de los proyectos refundacionales, observa a Chile y a Honduras. Más aún, es imperdonable seguir considerando a las “clases nacionales” como el campesinado de ayer, entiendo que haces una reflexión sobre un Clásico pero ten cuidado en traspolar la realidad que describe Zabaleta al siglo XXI, la dinámica social cambia vertiginosamente.
    Atentamente
    Conciencia y Transformación.

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