Sergio González.

El pasado 11 de agosto del presente, el Universal en su sección espectáculos, abrió lugar a una de las actrices más versátiles de México, Cecilia Suárez, quien afirmó que La Casas de las flores, muestra a una mujer “poderosa, fuerte e inteligente, que sale del discurso patriarcal que hundió a las telenovelas."
Y no se equivoca, La casa de las flores, es un melodrama realista que empodera el papel de la mujer a partir de la responsabilidad ética que implica la toma de decisiones libres. Suárez interpreta a Paulina de la Mora, en un papel digno de reconocer, porque interioriza plenamente el personaje de una mujer adinerada que se vuelve cabeza de familia ante un hermano bisexual (Darío Bernal), un padre que está en la cárcel (Arturo Díaz), una madre que fuma marihuana (Verónica Castro) y una hermana que vive ante la incertidumbre del amor y la pasión (Aislinn Derbez).
El ritual de interacción social que empodera a la mujer, se encarna en Cecilia Suárez, quien se construye desde muchas aristas a lo largo de la serie, mencionamos dos: la conciencia cultural que manifiesta su personaje para hacerle frente al hecho de que su matrimonio se diluye porque su marido (Paco León) afirma su sexualidad como mujer, o si se quiere, el reto de ser mujer, madre, hija y hermana a pesar de ver fracasado su matrimonio. Y el sentido de pertenencia a la familia, ocultando por años el hecho de que su padre tenía una doble vida, participando así de la administración de los bienes familiares con tal de suministrar sustento material a los suyos.
El secreto le cuesta caro, porque los daños colaterales impactan con el sello de la muerte el desarrollo de la historia familiar. Su madre, Virginia de la Mora (Verónica Castro), se sumerge en un proceso de depresión ante el suicidio de la amante (Claudette Maillé) de su marido Ernesto de la Mora (Arturo Ríos) en la casa de los de la Mora, La casa de las flores.
Florería que simboliza el sustento familiar a través del sentido de dar vida a los otros en cada flor, cada pétalo y cada semilla que funda el tesoro más preciado de esta familia, las flores. Las flores, símbolo de vida, son poseedoras de un encanto hipnotizaste, su belleza y perfección son emblema de vida y celebran la muerte, encanto del cual Verónica Castro se vuelve una extraordinaria alquimista, al grado que es capaz de llevarle un preciosos ramo de flores a la mismísima tumba de su rival, como muestra de respeto.
Verónica Castro regresa a la pantalla con descenso lento y firme del olimpo, formada en la vieja guardia de la actuación nacional, Castro demuestra por qué es una reina, su actuación es plena y extraordinariamente bien lograda, basta ver su papel como madre consumidora de marihuana, observe usted el semblante de su rostro, su mirada perdida, el fluir de la hierba entrando a sus pulmones. Las escenas son bien logradas en muchos sentidos y Verónica Castro tuvo que documentarse para realizarlas, estudió, analizó a su personaje y se metió a través de la actuación, en el mundo de las drogas, para sublimarse a sí misma como una gran actriz, algo que no se había hecho hasta ahora por alguna de sus contemporáneas en la pantalla chica.
La historia está bien contada, la trama tiene momentos de ruptura muy interesantes, la cámara se vuelve en ocasiones narrativa, la fotografía resulta muy acorde y el guion mantiene diálogos intensos, apasionantes y realistas, que dan cuenta de la fuerza con la que Manolo Caro, su director, interpretó un mundo supraclasista tradicional de la telenovela mexicana, perfectamente situado en un estrato material y mentalmente robusto a nivel de mostrarnos una comunidad juvenil que aún hoy en día está en busca de una identidad que la defina, el más claro ejemplo es la soberbia actuación de Darío Bernal en el complejísimo papel de un bisexual.
De esta manera, La casa de las flores, se convierte en un imprescindible de las series modernas, marca el regreso de una gran actriz, Verónica Castro, devela la exquisitez de una mujer inteligente, empoderada y bien situada en su contexto familiar, Paulina de la Mora (Cecilia Suárez), una extraordinaria producción con calidad cinematográfica, gracias al trabajo de Rafael Ley y Pedro Gómez. Así, Netflix demuestra que está a la vanguardia del mercado de plataformas streaming, moviéndose a contrapunteo de los contenidos que hoy en día muestra Televisa y Azteca, cercanos a la narcocultura de muchas de sus telenovelas.