¿Incluir y dialogar para qué? Una reflexión en torno al movimiento social de Los Indignados

Sergio González.

Movimiento social de Los Indignados en Roma
Un movimiento social de escala mundial como el de “Los indignados” rebasa las barreras de la política partidista, de los gobiernos y de las mismas academias. La política es rebasada porque ni el partido político ni el gobierno han sido capaces de satisfacer durante años la esencia misma que detonó el movimiento social, la demanda. Pero también la academia se ve superada por este movimiento al no ser capaces de anticiparse a las necesidades teóricas inmediatas de esta praxis social, simplemente nos hemos quedado como simples espectadores de esta brutal dinámica social capitalista. [1]  

Hoy en día éste parece ser el diálogo social
El movimiento de Los Indignados que surge a partir de una voz que demandó y sigue demandando inclusión y diálogo para los pueblos indígenas, hoy en día toma dimensiones planetarias ya que esas dos demandas no solamente se volvieron comunes para los Lacandones en Chiapas y el EZLN, sino también para el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil (MST) o de los Piqueteros en Argentina, lo mismo que para las resistencias civiles en Grecia frente a los terribles recortes presupuestales que hoy en día tiene que sortear el pueblo helénico.

El carácter empírico de la resistencia, su enseñanza y su aprendizaje en América y en sus naciones data desde hace más de 200 años, cuando nos descolonizamos para volver a una nueva colonización, ahora del alma, del cuerpo y de la mente. En esa experiencia viva en la tradición oral y en la memoria renacen y laten los corazones de nuestros indígenas que en estos grandes espacios de pluralidad que intentan construir estos movimientos sociales en el siglo XXI, son la verdadera historia universal de una resistencia compartida y de una lucha por la libertad común.

Ese ejemplo latente que emana en Chiapas hacia el 1 de enero de 1994 frente a la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ha causado un eco y un ejemplo para el movimiento de Los Indignados emanado desde el 2011, al igual que en las juventudes izquierdistas helénicas, en los movimientos sociales a través del Black Berry, lo mismo en Oxford que en los Emiratos Árabes Unidos, en los movimientos de Indignados en España o El Grito de los Excluidos en Brasil, que ya aglomera a movimientos como el MST, lo mismo que a los jóvenes norteamericanos y su ocupación en Wall Street y los chilenos en su lucha por las universidades públicas.  




                         ¿Qué difícil se ha tornado incluir y dialogar?
¿Pero por qué algo que parece tan simple, incluir y dialogar, se vuelve tan complejo para las naciones?, ¿realmente es tan difícil incluir y dialogar? En principio podríamos señalar dos tentativas, primero que incluir con dignidad la diversidad, no es tarea prioritaria del partido que mediante su candidato pide el voto más allá de la demagogia de la campaña electoral bajo un modelo democrático. En segundo lugar, no es tampoco una prioridad de los gobiernos cuando le apuestan sobre todo a estimular la economía nacional o regional en beneficio de los grandes capitalistas del mundo, facilitando sistemas y mecanismos para la inversión y con ello estimulando la generación de empleos y el crecimiento económico, una perfecta fórmula keynesiana que en los albores del siglo XXI y frente a la dinámica social capitalista simplemente engendra riqueza para pocos y pobreza para muchos.  Este modelo económico ya empieza a ser cuestionado fuertemente en el mundo entero, para muestra tenemos a Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y, Coahuila, México, donde en todos ellos será el pueblo quien pague los estragos catastróficos de la complicidad entre el gobierno y el capitalista, dueño ahora no solamente de los medios de producción, sino también del gobierno y de las formas de hacer política.

¿Entonces hacia dónde vamos en el siglo XXI, realmente no hay alternativas en esta dinámica neoliberal y capitalista? Cuando hoy en día vemos movilizaciones sociales tan grandes y tan diversas, tan incluyentes y tan abiertas al diálogo, que pugnan por la generación de espacios de pluralidad donde distintas voces sean escuchadas y que esas distintas voces son en gran medida la gran clase media y baja de las naciones, tenemos y estamos obligados a prestar atención y a escucharlas. Un movimiento como el de Los indignados, como el que surge desde el Foro Social Mundial de Porto Alegre (FSM), como el de los jóvenes estudiantes, lo mismo en Oxford que en la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Son voces cautivas que poco a poco taladran violentamente el sistema auditivo y visual de un cuerpo que ya no puede seguir siendo una mole inerte que transita entre algodones y sedas por las calles, sino que nos llama a ser una voz crítica y participativa en la consolidación del hacha filosa que con rudeza tenga que degollar cientos de millones de cabezas en nuestros jóvenes, para engendrar la misma cantidad de conciencias en cada uno de nosotros.

Estos movimientos que desde abajo forjan esas hachas y a la izquierda los taladros, se nos muestran no simplemente como un llamado de atención a los gobiernos para la resolución de demandas sociales, sino también como formas de hacer lo político en la política, como nuevas propuestas de hacer gobierno y como nuevas alternativas ante las intempestades brutales de este vertiginosa sistema-mundo capitalista. Formas de cultura alternas a la cultura hegemónica del imperio anglosajón se engendran día con día desde la contra hegemonía cultural de nuestros pueblos que no hacen más que resistir y aprender a callar cuando sus voces son violentamente calladas  por la represión del Estado.


NOTAS




[1] Existen sin embargo excepciones académicas muy loables como las de Emir Sader, Boaventura de Sousa e Immanuel Wallerstein que reflexionan desde los márgenes del Foro Social Mundial y recientemente las lucidísimas reflexiones de Pablo González Casanova. Al respecto véase Emir Sader. “¿Por qué y qué en Porto Alegre?” en La venganza de la historia: hegemonía y contra hegemonía en la construcción de un mundo posible. Era, México, 2006. También, Boaventura de Sousa Santos. “Reinventando la emancipación social.” En Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano (CPCL), núm. 18, marzo 2009, Buenos Aires, Argentina, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).  Así como, Immanuel Wallerstein. “El Foro Social Mundial, Egipto y la transformación”. En La Jornada, 27 de febrero del 2002. Finalmente, Pablo González Casanova. “El movimiento de los indignados empezó en Lacandona”, en La Jornada indignados. Suplemento especial. México, 4 de enero del 2012.

Comentarios

  1. Como usted lo dice porfesor.. Riqueza para POCOS y pobreza para MUCHOS... En esa frase esta la respuesta, si somos muchos ¿Por qué no hacer algo?

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