lunes, 29 de junio de 2009

El populismo en América Latina

ESCRITOS
Subdesarrollados y libremente desdichados. Una aporía del populismo latinoamericano.

Por: Sergio D. González.
Facultad de Filosofía y Letras- UNAM

El presente trabajo constituye una reflexión realizada en torno al fenómeno social que se ha dado en llamar por los científicos sociales del siglo XX, Populismo, centrando su atención sobre las relaciones que entabla en la esfera económica, política y social de la realidad histórica latinoamericana, pero sin llegar a especificidades regionales. Ya que se debe tener siempre en cuenta que no existe modelo de análisis teórico que encuadre a una realidad unívocamente. Esto es, considerando que cada región latinoamericana presenta una interacción social e histórica muy particular encontramos elementos que encuadran pero también otros que los hacen diferentes. Así, encontramos no sólo que las realidades de Argentina, México y Brasil, por mencionarlas algunas, no presentan los mismos parámetros de análisis social a nivel económico, político o cultural, mucho menos obedecen a realidades histórica iguales, más bien lo que se observan son semejanzas y diferencias que saltan a la luz en cuanto ponemos a correr el motor de análisis social del modelo y del concepto de Populismo en América Latina.

De tal suerte la estructura del presente trabajo gira en torno a tres vertientes bien definidas, en la primera desarrollaré brevemente algunas connotaciones generales del modelo Populista donde incluyo una definición con la cual trabajaré a lo largo del trabajo. En una segunda etapa exploro los nexos entre Populismo y capitalismo a nivel de economía de Estado. Y, finalmente, muestro el rostro social y político del Populismo frente al Corporativismo del Estado.
Sin lugar a dudas uno de los conceptos más debatidos en cuanto a su definición se refiere es el de populismo, ya que su carácter interpretativo se mueve vertiginosamente en el terreno del equivocismo; lo cual produce que ante la diversidad social latinoamericana sea sumamente complicado encuadrar un modelo de interpretación social unívoco que ejemplifique sus causalidades, su proceso y sus efectos de forma semejante. Y es que no sólo las realidades históricas propias de cada región ejercen un peso avasallador sobre el cerebro de los vivos sino que las condiciones de fricción y pugna social toman distintos matices a niveles políticos, económicos e incluso culturales en cada país, por ello y por muchas otras variantes más que no es objeto de este breve trabajo, es que el proyecto de unidad latinoamericano pregonado por Bolívar no vio la luz más allá de la integración de unos cuantas regiones del hemisferio sudamericano.

Una de las aporías a las que el estudio del modelo social y del concepto de populismo se enfrenta es su falta de unidad sistémica al interior de sus programas, de sus discursos y del movimiento mismo, sin embargo, se puede apreciar que la recurrencia en un tipo ideal de relación social es parte de la unidad del populismo. Lo cual se vuelve importante al analizar la situación del populismo frente a la carencia de una ideología primigenia u originaria que de sustento al movimiento; ya que en el populismo encontramos ciertas ideas un tanto aisladas que conllevan a una organización en torno a fines específicos y que cambian en la medida en que la dinámica social tiende a moverse.

Por otro lado, observamos que el populismo es un movimiento social que surge como una respuesta a los problemas y cuestionamientos que nos ha planteado la modernidad capitalista con todo y sus pugnas por el desarrollo, la industrialización y la paulatina tecnificación de lo humano en aras de un devenir ideal y hasta utópico. Quedarnos con tal definición sería herejía intelectual, más prefiero ceñirme por la ortodoxia académica para usar tremenda definición dada por Angus Stewart[1] como referente de populismo a lo largo del presente trabajo, cuyo objeto no radica en la búsqueda incesante de sentidos y verdades que den luz en torno a una definición sobre el populismo. Por el contrario mí intención es simplemente mostrar que el populismo es una respuesta a los coqueteos de las Naciones con la economía capitalista y con la política neoliberal, siempre que estas infravaloran sus consecuencias inmediatas en la sociedad. En el entendido de que el capitalismo sólo triunfa y se vuelve eficaz cuando se llega a identificar plenamente con el Estado. [2]

En el populismo, se aprecia una latente tensión existente entre centro y periferia, campo y ciudad, o metrópoli y campo. Las cuales se nos muestran como el resultado de complejos y profundos procesos, encarnados en un desarrollo desigual y diferencial entre estos espacios. El estudio de esta problemática es posible abordarla desde la óptica de la objetividad cultural como influencias en los discursos modernizadores, lucha de poderes o tensiones sociales por movilidades ascendentes dentro de las clases sociales. Pero también desde la subjetividad que encarna la sociedad como grupo heterogéneo al nivel de percepción de amenazas públicas que atenten contra la seguridad y estabilidad del Estado, tal es el caso de las revueltas y manifestaciones populares. En ambos casos, las tensiones interactúan y se superpones unas con otras.

De tal suerte encontramos una polarización externa y otra interna. El aspecto externo de la respuesta populista reacciona a una situación común en distintas manifestaciones populistas, el encuentro con fuerzas o ideas asociadas a un nivel o niveles de desarrollo superior. Esto es un primer acercamiento a una toma de conciencia por parte de las masas de su situación y del lugar que ocupan dentro de la esfera social, donde el común denominador radica en la falta de equidad y búsqueda de oportunidades en dimensiones económicas, políticas y/o culturales que interactúan y se superponen a una esfera de desarrollo superior o de elite en el poder. En tanto que los focos internos reaccionan en situaciones locales o regionales, incluso nacionales pero siempre frente a los efectos de la modernización que ejercen otras arenas de dominación. En este sentido podemos mencionar el caso de Cuba en la década de los sesentas y setentas frente a la llamada “frontera imperial” trazada por los Estados Unidos.

En cuanto al aspecto económico se refiere, el populismo emerge cuando el Estado y las variables macroeconómicas se enlazan frente a la redistribución del ingreso menospreciando los riesgos de la inflación y su reacción ante políticas agresivas ajenas al mercado. Reconociendo tres dimensiones básicas: el modelo de industrialización con sustitución de importaciones, la inflación y la economía de gasto.

En cuanto al modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones se refiere (ISI) encontramos que el populismo económico se asocia históricamente a los orígenes de dicho modelo. Aún cuando no existe relación implícita entre el ISI y el populismo en la práctica el modelo se encuentra ligado a variables macroeconómicas a las que se asocia el Estado. Pero el populismo económico aparece entonces como consecuencia inmediata del ISI al no moderar sus intereses materiales, caso concreto, los paupérrimos incrementos salariales al sector productivo de las naciones en aras de excesivos ingresos al gasto corriente del Estado; de igual forma, las políticas fiscales proteccionistas a transnacionales y la paulatina sobre valuación de la moneda local. En estos ejemplos encontramos brotes de populismo económico vinculados al ISI históricamente pero emergiendo como una consecuencia natural de los excesos materiales del sistema capitalista, el cual sólo se consolida cuando se llega a identificar plenamente con el Estado.

Por otro lado, el aspecto inflacionario de las economías locales reflejado en una subida general de los precios y la pérdida del poder adquisitivo al devaluarse la moneda entrañan otra forma de surgimiento del populismo a nivel económico. En tal caso la inflación resulta de un desbalance producido en el dinero en cuanto a duplicación de la escasez ya que la demanda de bienes y servicios que provee el Estado y los particulares aumenta y se torna complicada para surtir al grueso de los demandantes. Finalmente la economía de gasto es otro menester que acrecienta la ebullición de focos populistas. También conocido como despilfarro económico está íntimamente ligado al aspecto inflacionario por medio del cual las políticas fiscales de recaudación tributaria que se enlazan a variables macroeconómicas para estimular los elementos suficientes como para proveer de bienes y servicios a la demanda de sectores urbanos, clases medias y bajas.

En síntesis, podemos señalar que el surgimiento de estas tres variables económicas sustitución de importaciones, la inflación y la economía de gasto, hace florecer a un populismo económico que no sólo se opone a los estragos de la industrialización modernizadora sino que a su vez al respeto del poder adquisitivo y el derecho por parte de las masas a la obtención de bienes y servicios, mismos que en teoría debería garantizar el Estado aun cuando en la práctica presente tropiezos severos.

Ahora bien tras esbozar brevemente el aspecto económico del movimiento populista y antes de pasar al plano del populismo político es importante hacer un par de precisiones en tanto al aspecto social del populismo ya que ello entraña su carácter voluntarista y de masas lo cual se encuadra dentro de la tipicidad del movimiento social como fenómeno reaccionario económico y político.

De tal forma, un primer elemento sobre el cual hecha raíz el populismo es la exaltación del nacionalismo que es el réquiem sobre el cual musicaliza la sensibilidad de las masas y el ejemplo más claro lo encontramos en el manejo de los capitales extranjeros por parte de las naciones. Aquí, es vital señalar, por una parte, que los beneficios económicos percibidos por unos pocos no impactan en la economía de las clases bajas y por otro lado, la movilidad social especialmente de las clases medias quienes sienten la posibilidad de ascender pero que en la práctica ven despedazadas sus aspiraciones frente a una elite empresarial compacta sólo termina por albergar fuertes rechazos nacionalistas que pugnan y luchan por gobernar y nacionalizar a las principales industrias, siendo altamente probable la instauración de un gobierno populista, lo cual lejos de incentivar el capitalismo nacional sólo incentiva la transformación del Estado en el principal agente económico.

Un segundo elemento típico del movimiento social populista es su alienación ante el discurso y las practicas del poder de Estado, lo cual agudiza su carácter efímero del populismo. Sin embargo cuando el populismo tiene su epicentro en regiones subdesarrolladas donde el poder es ostentado por la figura de un dignatario o un partido, generalmente el movimiento termina por ser absorbido por los programas del poder. Un ejemplo contundente de esto es el Partido Revolucionario Institucional en México que termina por absorber los programas y pugnas de lo que en principio inició como un movimiento de masas y que se materializaría en el Partido Comunista Mexicano, enajenado y tristemente erosionado por el partido en el poder. [3]

Por su parte, el populismo político se vincula a elementos tales como el corporativismo de Estado y sus distintos actores sociales implicados. Todos ellos en conjunto configuran la esfera de la política sobre la cual el populismo extiende sus redes de operación.

En lo referente al Corporativismo de Estado encontramos que su paulatina modelación y modulación de las distintas manifestaciones políticas de la sociedad por parte del Estado encarnan consecuentemente populismos, aun cuando ello no sea una regla o ley general aplicable a todas las realidades latinoamericanas concebidas desde la óptica particular.

Semejante empresa ha implicado históricamente la creación de instituciones y lazos legales y burocráticos de administración pública que hacen de las relaciones entre sociedad y Estado una verticalidad descendente, esto garantiza que el Estado controle y organice sectores heterogéneos del tejido social con una organización compacta a su interior, neutralizando al bloque social en términos de una amenaza percibida que atenta contra la estabilidad del Estado. Su disfraz es el bien común y la subsidiariedad, ambos, brazos operativos del Corporativismo de Estado, sin ellos su discurso dominador no sería una realidad.

El Corporativismo al intentar absorber y controlar al grueso de la población dirime constantemente entre la inclusión y la exclusión, aporía en la cual el populismo también debate. De tal suerte, la inclusión Corporativista de grandes sectores sociales implica la exclusión de otros tantos que serán en el mejor de los casos incluidos en los programas del populismo social y señalo, que en el mejor de los casos, ya que bien pueden ser excluidos del modelo Corporativista de Estado o del Populista de Estado, caso concreto el de los indígenas.

Finalmente, como pudimos apreciar, generalmente en el caso del populismo latinoamericano podemos encontrar paradigmas típicos como el de Perón en Argentina, Vargas en Brasil y Cárdenas en México. Sin embargo incluso en estos tres casos típicos surgen diferencias sustanciales en tanto a lo político, lo económico y lo social en cada país. Más aun al aplicar el modelo de análisis populista a otras realidades latinoamericanas encontramos interesantes diferencias que hacen difícil extenderlo unívocamente en América Latina. Pero no perdamos de vista que en cada uno de los casos encontramos una connotación social impulsada por la emergencia que el Estado da a la modernización económica y política.

Todo parece indicar, sin embargo, que existe cierto carácter efímero al interior del Populismo, emanado de su incapacidad para consolidar sus programas, sus estrategias, sus instituciones y su ideología en aras de la enajenación que condena y que le procura el Estado al movimiento Populista. Incapacidad para trascender a una esfera ulterior donde el Populismo se torne una realidad tangible para la sociedad y no solo una realidad utópica, ya que son esos pequeños detalles los que condenan al fracaso la efectividad de sus programas ideológicos, incapaces en la mayoría de los casos, de sacarnos de la miseria capitalista en la que vivimos, o mejor dicho sobrevivimos subdesarrollados y libremente desdichados ante la mirada atenta del ángel imperial norteamericano.

NOTAS
[1] Stewart, Angus. “Las raíces sociales.” En Ionescu Ghita y Gellner Ernest. Populismo sus significados y características nacionales. Argentina, Ed. Amorrourtu, 2000. Pág. 221-240.
[2] Fernand Braudel señala que “El capitalismo sólo triunfa cuando llega a identificarse con el Estado, cuando es el Estado.” Citado en Michael Hardt y Antonio Negri. Imperio. Buenos Aires, Ed. Paidos, 2002. Pág. 21.
[3] Véase al respecto José Revueltas. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. México, Ed. Era. Obras completas vol. 17, 1984.

Referencias bibliográficas.

1.- Cardoso, Eliana y Ann Helwege. “El Populismo, el despilfarro y la redistribución”. En Dornbusch, Rudier y Sebastián Edwards (ed.) Macroeconomía del Populismo en la América Latina. México, Fondo de Cultura Económica, 1992.

2.- Di Tella, Torcuato: “Populismo y Reforma en América Latina”. En Véliz, Claudio (ed.) Obstáculos para la Transformación de América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 1969.

3.- Henesy, Alistair. “América Latina.” En Ionescu Ghita y Gellner Ernest. Populismo sus significados y características nacionales. Argentina, Ed. Amorrourtu, 2000. Pág. 39-80.

4.- Ianni, Octavio. La formación del Estado Populista en América Latina. México. Ediciones Era, 1984.

5.- Michael Hardt y Antonio Negri. Imperio. Buenos Aires, Ed. Paidos, 2002.

6.- Revueltas, José. Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. México, Ed. Era. Obras completas vol. 17, 1984.

7.- Stewart, Angus. “Las raíces sociales.” En Ionescu Ghita y Gellner Ernest. Populismo sus significados y características nacionales. Argentina, Ed. Amorrourtu, 2000. Pág. 221-240.

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