lunes, 22 de junio de 2009

El Imperio, el apando latinoamericano.

ESCRITOS
El Imperio, el apando latinoamericano.

Por: Sergio D. González.
Facultad de Filosofía y Letras UNAM

El presente trabajo constituye una brevísima reflexión en torno al sistema de dominación que El Imperio Norteamericano ha construido en torno al encierro económico que condena el subdesarrollo de nuestras naciones. Apandando ideológicamente con su norteamericanización cultural a América Latina.

Pongo un poco de énfasis en el carácter indígena al ser el más violentado, olvidado y rezagado históricamente del y los proyectos de nación por lo menos desde el siglo XIX con las independencias latinoamericanas. Siendo el caso de Bolivia un ejemplo de reivindicación y defensa de lo propio frente a las transnacionales norteamericanas. Recordemos cómo hacia 1991 y 1999 movimientos indígenas identificados al nacionalismo Amayra defendieron las tierra y las aguas bolivianas.

Después de la década de los ochentas del siglo pasado se expande en América Latina el proyecto neoliberal promovido por Estados Unidos que encaminaría la homogenización social de cara al proceso de globalización para insertar al continente plenamente al proyecto capitalista. Su nocividad no se haría esperar y fue así como se privatizaron empresas públicas, se dio apertura a los mercados comerciales, se implantarían modelos de desarrollo proteccionista y de sustitución de importaciones con concesiones para los transnacionales y entre otras cosas, la ineficacia en la distribución de los recursos económicos entre las clases medias y bajas del continente.

Sin embargo, uno de los aspectos en los que me interesa hacer énfasis es en los cambios de patrones culturales latinoamericanos. En otras palabras, la cultura latinoamericana pasó por un proceso de americanización de su idiosincrasia con impacto profundo en la cultura y aunque no en todas las capas del tejido social permea, es un hecho que a nivel mercadológico los poderes fácticos impactan en sus receptores. Algo sabe de esto McDonals, Pizza Hut, o Wall Mart.

La americanización promovida por El Imperio busca no sólo la homogenización del bloque social latinoamericano sino su paulatina enajenación cultural y a través de discursos, instituciones, programas de inversión e intervencionismos a todos niveles lo que logran es el exterminio voraz del Ser latinoamericano y de su esencia indígena para insertarla al capitalismo como un valuarte de algún museo norteamericano en el mejor de los casos.

De tal suerte, ante tan audaz proyecto enajenador, distintas regiones latinoamericanas encauzan pugnas a través de movimientos sociales para reivindicar la cultura latinoamericana y las raíces indígena en el continente. Un par de ejemplos los vemos en México con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional o en Bolivia con el ascenso de Evo Morales al poder.

Interesante es ver que a diferencia de las pugnas sociales de diversos movimientos que se dieron en la década de los sesentas y setentas del siglo XX en el continente, y que se constituían a través de obreros y campesinos, reivindicando la conciencia de clase proletaria y los ideales Guevaristas y revolucionarios de Cuba. Ahora más bien lo que observamos es un fortalecimiento de las pugnas sociales pero en la esfera indígena, lo cual viene a integrar bloques populares más sólidos y organizados que en la primera mitad del siglo XX. Esto explica en parte el ascenso de las izquierdas latinoamericanas, con escasas excepciones como el Salvador o México.

La cultura latinoamericana y en especial la indígena, generan formas de identidad tan particulares como comunes. Ya que al reivindicar mediante reminiscencias materiales un pasado histórico común, se enfrascan en un complejo proceso de asimilación del mundo a nivel simbólico, religioso, mítico y subjetivo que valoriza una forma de vida y de cultura que rebasa la dimensionalidad histórica del capitalismo al cual se pretende insertar la condición indígena.

Y es que el capitalismo se ha encargado de difuminar estas identidades indígenas y las ha sustituido por identidades nacionales que más tienen que ver con un carácter jurídico procedimental a nivel del Estado de Derecho, que con un respeto de las tradiciones culturales e históricas del indigenismo. Eso es precisamente lo que pretende hacer Hugo Chávez en Venezuela, adjudicando, por una parte, al Estado tierras propiedad de indígenas Araucos y Caribes que se sitúan sobre importantes yacimientos petrolíferos y, por otra parte, con su lenta incisión al Estado de Derecho, garantizando, no el respeto a sus tradiciones y su autonomía, sino su derecho a la obtención de los bienes y servicios por parte del Estado Bolivariano. Respeto a las tradiciones y a la autonomía indígena que en México, por ejemplo, defiende el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional frente al Estado Mexicano.
Históricamente el indio latinoamericano ha sido excluido de los proyectos y programas de las Naciones. En las independencias latinoamericanas, el reclamo de las colonias llamaba a la libertad de derechos para los criollos, los cuales hicieron retórica discursiva el pasado indígena para enarbolar su identidad. En México, la Revolución de 1910, garantizó los derechos a una elite que con el tiempo se consolidaría en la burguesía nacional y en Bolivia en 1952 los movimientos sociales consignaron reformas y derechos para los mestizos, en ambos ejemplos se condenó al olvido la condición de indio latinoamericano.

Sin embargo, el gran peso social que ejerce la geografía india en Bolivia ha hecho que la identidad indígena sea el factor que aglutine a las masas en torno al nacionalismo Aymara. Por esto, el ascenso al poder de Evo Morales es significativo para la historia latinoamericana, ya que en Bolivia, contrario a lo que pasa en México con el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional o en Venezuela con los Araucos y Caribes, donde es el Estado quien enajena su condición cultural en aras de una inserción capitalista bajo esquemas jurídicos que poco hacen frente al valor de la memoria histórica de estos pueblos. Bolivia supo darle valor a un proyecto populista que desencadenó un nacionalismo indio y se materializó en el proyecto social Aymara que sería un factor importante del ascenso indígena al poder de Estado en la figura de Morales.

Para muestra bastan dos ejemplos, la defensa de la tierra en 1991 y la del agua en 1999 en manos de los indígenas bolivianos. En 1991 la famosa marcha por la dignidad y el territorio movilizó a miles de indígenas bolivianos del oriente, de las tierras bajas y de los enclaves Quechuas y Aymaras hacia La Paz, la capital política y económica de Bolivia, en una movilización histórica nunca antes vista en el país. Y es que la defensa de su tierra de las garras de transnacionales norteamericanas que buscaban acaparar el control de las reservas petroleras de la Nación hizo que se les reconociera en 1994 los primeros territorios indígenas autónomos de Bolivia con sus modificaciones en la Constitución Boliviana para el respeto a su condición multiétnica y pluricultural.

Entre 1999 y el año 2000, las movilizaciones indígenas lograron imponerse a los intentos privatizadores del agua bajo el segundo gobierno de Hugo Banzer en la región de Cochabamba y se aliaron a una Coordinadora en Defensa del Agua, misma que aglutino a muchos sectores de la sociedad civil y los movilizó en protesta de la privatización del agua de Cochabamba. Sin embargo, tras días de pugna y muertes de campesinos, civiles e indígenas, finalmente se reconoció el derecho universal del agua en Cochabamba y se anuló el contrato privatizador con la transnacional Bechtel.

Como lo apreciamos, la configuración de una identidad indígena en América Latina dentro de la expansión del capitalismo, del neoliberalismo y la globalización económica se difumina tristemente en una paulatina enajenanación cultural encabezada por Estados Unidos. La americanización de los recursos materiales y humanos por transnacionales que privatizan no sólo el territorio sino la vida misma, hacen que el proceso de respeto a las tradiciones indígenas se vuelva cada día más complicado.

Estados Unidos con sus políticas intervencionistas y de libre mercado en América y el mundo sólo acentúa una especie de apando indígena dentro de la configuración regional latinoamericana inserta en el capitalismo a nivel de subdesarrollo. Y es que América además de vivir el encierro condenatorio de su subdesarrollo económico ahora vive otro encierro dentro de la norteamericanización a nivel cultural. Un encierro cada día más subyugante en el cual los discursos mercadológicos, las cadenas de comunicación, el Internet y hasta los modelos de estudios latinoamericanos en Norteamérica, ya generan día a día la enajenación de lo propio, de aquello por lo que alguna vez pensadores como José Vasconcelos, Samuel Ramos, Leopoldo Zea o Salazar Bondi defendieron frente a la otredad europea.

Por esta razón, es que hoy en día la reivindicación de movimientos antisistémicos como los indígenas en México, Bolivia y Venezuela; o agrarios como Los Sin Tierra en Brasil; o laborales como los Piqueteros en Argentina, merecen hacer escuchar su voz. En aras no sólo de una reivindicación social o histórica sino en la búsqueda de una identidad fuerte que sea capaz de hacerle frente al dominio económico e ideológico que realiza Estados Unidos con el continente. A nivel político hemos visto cómo la izquierda latinoamericana ha generado bloques sociales loables pero no basta sólo con retórica bolivariana para procurar primero la integración indígena al continente, sino que es necesario hacer conciencia sobre la memoria histórica, rica en tradiciones, cultura, folklor, literatura, historia y tantos elementos de cultura que Estados Unidos no posee, para generar un bloque homogéneo que rompa el apando carcelario que El Imperio impone al continente, condenándolo a su subdesarrollo y ahora a su enajenación.

Bibliografía
1.- Arguedas, José María. El zorro de arriba y el zorro de abajo. San José. Universidad de Costa Rica. 1996.

2.- Favre Henri. El indigenismo. México, Fondo de Cultura Económica. 1998.

3.- Finol José Enrique. “Globalización espacio y ritualización: de la Plaza Pública al mail.” En Espacio abierto. Octubre-diciembre, Vol. 14. Núm. 004. Venezuela. Asociación Venezolana de Sociología. 2005.

4.- Gamio, Manuel. Forjando Patria. México, Ed. Porrúa. 1982.




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